Sobre "religiosidad estatal"

El abogado, académico y político Jorge Navarrete, publicó ayer 17 de septiembre, un artículo de opinión, en LaTercera.com, con el título “Religiosidad estatal”, donde se pregunta “¿Por qué un grupo de exaltados le grita asesina a la Presidenta de la República, justo antes de que ella ingrese a su propio acto religioso? ¿Por qué un candidato a diputado de la derecha toma la palabra y, disfrazado de sermón, se despacha una arenga político-electoral? ¿Por qué lo secundan en el mismo tono otro puñado de pastores, relegando a segundo plano lo que ahí se pretendía celebrar?” Por último culmina con la pregunta: “¿Por qué la Presidenta de la República asiste a estos eventos, con varios de sus ministros, dándole así un aura republicana a una ceremonia religiosa?”

 Luego asevera. “No solamente se agredió verbalmente y faltó el respeto a la máxima autoridad del país, sino que – paradójicamente - la víctima fue esa mujer que instauró el día nacional de las iglesias evangélicas y protestantes, que liberó una importante suma de dineros estatales para la remodelación de su templo, y cuya contribución a esa religión ha destacado muy por sobre todos los otros presidentes del país”.

A continuación señala. “Pero la discusión de fondo no debería centrarse en la falta de criterio y ordinariez de un puñado de los anfitriones, sino en por qué en un Estado laico todavía se alientan este tipo de discriminaciones. La laicidad no se refiere a oponerse a las creencias religiosas de las personas; sino que, cosa distinta, a tratarlas con igual consideración y respeto, sin tener preferencias ni menos adoptar alguna en particular”.

“Se trata de una importante manifestación de la autonomía y dignidad personal, que el Estado debe garantizar pueda profesarse de manera privada y pública, pero que en ningún caso merece ser elevada - en los ritos, el uso de los recursos fiscales, o en la atención de las autoridades en el ejercicio de su cargo - a una categoría republicana o común a todos los ciudadanos”.

Iniciativa Laicista comparte esta lúcida opinión así formulada, y ojalá sea compartida por la clase política y por quienes deben ejercer tareas de cualquier tipo dentro del Estado.