Lo que ensombrece las celebraciones patrias

Una de las constantes que muestran los Te Deum que se han  efectuado con motivo de las festividades patrias, incluyendo el realizado por las comunidades religiosas que se convocan en la llamada Catedral Evangélica, es la pretensión de la verdad y la agresividad contra quienes piensan distinto. Ello ha ensombrecido y tensionado innecesariamente el espíritu de celebración patria y llevan a muchos a cuestionar estos actos que involucran a las autoridades de la República. 

 Merced a estos oficios religiosos, cualquier chileno con una comprensión distinta de las cosas de quienes preconizan ser portavoces de la palabra de Dios, han pasado a convertirse en personas oprobiosas por tener convicciones distintas. 

Se les cuelgan epítetos desde la impunidad de una masa manipulable, se le imponen pretensiones inexistentes, se le tipifican desde cierta óptica fascistoide que se supone incompatibles en personas que se arrogan la misericordia como objetivo natural de sus creencias.

Miles de chilenas, que creen en el derecho de disponer de su cuerpo y de su vida, por tres causales límites, pasan a ser consideradas como “asesinas”, ignorando el sufrimiento de aquellas que, en tanto pacientes, podrían optar por hacer uso de un derecho ya establecido por la ley.

Miles de chilenos que consideran que las religiones deben concursar en igualdad de condiciones y en los ámbitos de su exclusiva esfera, son tipificados de “antirreligiosos” o “agresivos”, en circunstancias que la proposición de un Estado laico lo que hace es establecer la igualdad de trato para todos los creyentes, en cualquiera de sus manifestaciones religiosas, y los no creyentes, en cualquiera de sus comprensiones sobre la vida.

Cuando se escucha la arrogancia desde las catedrales, cualquiera sea su denominación, lo que se advierte es la institucionalización de la postverdad, y eso es preocupante para la necesaria convivencia en la diversidad. Muchas de las afirmaciones que se hacen son absolutamente falaces, y los medios, y hasta algunas autoridades del Estado, le dan categorías de veracidad.

Es postverdad decir que desde el inicio de la república la Iglesia ha venido realizando el acto del Te Deum. De hecho si los obispos expresan la voz del Papa, el pontífice reprobó por más de una década la emancipación americana.

Es postverdad decir que el laicismo pretende excluir la religión de la sociedad o marginar la fe del pueblo. De hecho, lo que el laicismo pretende es que no haya una religión del Estado, para que este no sea utilizado en beneficio de una de las religiones, en desmedro de otras o de quienes no tienen fe.

Es postverdad prometer acompañamiento de la Iglesia a las mujeres que decidan sostener un embarazo en las tres causales despenalizadas, ya que quien efectivamente  pondrá los recursos será el Estado.

Debemos felicitar la agudeza de los jóvenes chilenos, que consideran que ninguno de los líderes religiosos que han sido protagonistas de las recientes opiniones desde ciertos privilegiados púlpitos, lo ha hecho desde la prudencia, desde la misericordia, o desde la humildad.

Si lo han hecho la mayoría de los estudiantes de la Universidad Católica que acogieron el llamado de sus dirigentes y concurrieron a expresar su opinión en un plebiscito, cuya comprensión de la naturaleza humana parece ser más clemente y misericordiosa que la de sus pastores. Rechazan esos jóvenes, como todos los jóvenes chilenos, que se señale con fuerza la objeción de conciencia ante un aborto misericordioso, mientras no haya objeción de conciencia para atender a un pedófilo. 

Agradecemos a esos jóvenes, que han expresado lo que la gran mayoría de los chilenos piensa, en un verdadero ejercicio de humanidad.

Mientras las celebraciones patrias han sido ensombrecidas por la oscuridad de ciertas opiniones religiosas, la luz de la juventud nos hace recobrar los motivos para sentirnos efectivamente chilenos.

 Iniciativa Laicista