Los derechos humanos amenazados en Paraguay

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Redacción Iniciativa Laicista

Cuando la religión se está infiltrando cada vez más en la vida política de todo el continente, asustando a feministas y activistas LGBTI, un interesante artículo de Enrique Anarte fue publicado a la víspera de las elecciones presidenciales de Paraguay en http://www.dw.com/es, página de la cadena periodística alemana para el extranjero Deutsche Welle (DW)1.

Anarte empieza subrayando que, mientras son cada vez más numerosos los países que reconocen sus derechos a las personas LGBTI, y que el movimiento feminista va revirtiendo siglos de desigualdad, discriminación y violencia contra las mujeres, Paraguay sigue rezagado: “Aquí la religión, o al menos ciertas interpretaciones radicales de la fe cristiana, lleva tiempo ganándole la batalla a los derechos.” Tanto la Iglesia católica como la evangélica influyen la esfera política de manera preocupante. Destaca Anarte: “La gota que colmó el vaso fue cuando, en octubre del año pasado, el ministro de Educación paraguayo se plegó a las demandas de los religiosos y prometió quemar los libros sobre ideología de género en una plaza, para ganarse su confianza. La polémica que generaron estas declaraciones le llevó a argumentar, horas después, que solo exageraba”. Sin embargo, la rectificación no impide que el chiste haya sido de pésimo gusto - si realmente fue un chiste - ya que al día siguiente de emitir esa declaración, “prohibió la difusión y utilización de materiales impresos o digitales referentes a la teoría y/o ideología de género en todo el sistema educativo”. Calificada de “retroceso” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, esa medida alarmante fue al final aplicada.  

Anarte cita también las palabras de la directora ejecutiva de Amnistía Internacional en Paraguay, Rosalía Vega, quien explicó en una entrevista con DW que, si es cierto que estas mismas actitudes represivas se observan en otros países de la región, la diferencia en Paraguay es que vienen directamente desde el gobierno.” Según Vega, "lograron demonizar la palabra [género] en nuestro país”.

Anarte menciona al respecto las acciones de movimientos ultrarreligiosos, principalmente evangélicos, en distintos países, en particular lo que pasó en los últimos meses en Costa Rica, donde el predicador Fabricio Alvarado llegó a la segunda ronda de las elecciones presidenciales y fue finalmente derrotado por un candidato quien, entre otras cosas, declaró ser favorable al matrimonio igualitario. En el caso de Paraguay, ninguno de los candidatos a la elección defendía los derechos LGBTI: mientras Mario Abdo Benítez, del Partido Colorado, se destacaba como siempre por su defensa de los valores cristianos tradicionales, Efraín Alegre, de la Alianza Ganar, había firmado la semana anterior un acuerdo con las iglesias “para proteger la familia conformada por el hombre, la mujer y los hijos”.

El que finalmente ganó el domingo, Mario Abdo Benitez, lleva una herencia preocupante. Más conocido como “Marito”, lleva el mismo nombre que su padre, secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, quien durante 35 años asesinó, torturó, exilió a opositores e intelectuales y violó los derechos humanos en Paraguay. Y aunque niegue cualquier conexión ideológica con su padre y se declare defensor de los derechos humanos, el nuevo presidente se destaca por sus posiciones firmemente opuestas al aborto y al matrimonio homosexual.  


Enrique Anarte, Paraguay, donde la fe le gana la batalla a los derechos humanos, 20-04-2018