Nueva acusación de pedofilia en el Vaticano

Le cardinal Pell le 29 juin 2017.
Foto: AFP

Por Sylvie Moulin

En las últimas 48 horas, un nuevo escándalo llegó a las portadas del Vaticano con la acusación del cardenal George Pell por múltiples agresiones sexuales y abusos a menores.

Desde el principio de este caso, Pell no expresa mucha reacción y sigue declarando su inocencia. Nombrado arzobispo de Melbourne en 1996 y de Sydney en 2001, Pell había sido elegido por el papa Francisco en 2014 para “ordenar” las finanzas del Vaticano, cargo que lo ponía entre las tres figuras más altas de la jerarquía y lo convierte en uno de los más cercanos del sumo pontífice. En este momento sigue libre bajo fianza y con interdicción de dejar el territorio australiano.

El Vaticano tiene por supuesto una comisión anti-pedofilia que se mantiene, aparentemente, bien activa. Y por su parte el papa reconoció en varias oportunidades los “graves errores de apreciación” de la situación en Chile que había cometido un par de meses atrás durante su viaje, errores que habían manchado el fin de su visita.

Pero con este nuevo escándalo, no podemos dejar de recordar un intercambio entre George Pell y el biólogo neodarwinista y destacado portavoz de la militancia atea Richard Dawkins, el 10 de abril 2012, en el programa de debate televisivo australiano Q&A, presentado por el periodista Tony Jones. Cuando alguien en el público preguntó a ambos participantes si era correcto decirle a un niño que dios no existe, Dawkins contestó que era correcto decirle a un niño la verdad, y que asustar a un joven con la amenaza del infierno era algo inmoral, un abuso mental y un acto de desgracia.

Cuando se le hizo la misma pregunta a George Pell, empezó con la intención de compartir un recuerdo personal y recordó un tiempo cuando se encontraba en Inglaterra para “preparar a unos niños ingleses”, lo que provocó un clamor de risas y abucheos en el público. Pell apretó los labios y perdió la sonrisa cínica que había ostentado desde el principio del debate, apurándose en precisar que “los preparaba para la primera comunión”. En aquel mismo intercambio, Pell ya había provocado risas del público y sarcasmo de Jones al declarar: “por alguna extraña razón dios había elegido a los judíos, que no eran el equivalente intelectual de los egipcios o los persas; los judíos eran pobres pastores que estaban estancado allá y siguen estancados”.  

Pell, de 76 años, es ministro de economía de la Santa Sede y una de sus más eminentes figuras, y había sido inculpado el año pasado por acusaciones similares más antiguas que por supuesto había refutado. El Vaticano aceptó ahora su “rescisión” sin exigir su renuncia.