En defensa de los derechos de las mujeres

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Foto:www.eldesconcierto.cl

Por Sylvie Moulin

Cuando recordamos las marchas estudiantiles y feministas de los años 60, y un par de semanas después del estreno de la película de Guille Söhrens La isla de los pingüinos, la renuncia masiva de los obispos chilenos, por muy escandalosa que fuese, debe compartir la portada con la “nueva ola feminista” que está agitando varias ciudades del país. Después de la muerte por violación de una niña de un año, el sentenciado “abuso sexual” de la Manada contra una joven argentina luego de un partido de futbol, y cuando la PDI confirmó que había recibido más de 4.200 denuncias por este tipo de violencia en 2017 y que las cifras aumentaban de un año a otro, las estudiantes que marchan ahora en las calles tienen un impacto irrefutable.

Las primeras movilizaciones se organizaron cuando un profesor de la Universidad Austral fue acusado de acoso sexual contra una funcionaria del establecimiento, acusación seguida de otros casos de parte de estudiantes y funcionarias de distintas universidades. El movimiento se extendió a una quincena de establecimientos en los cuales las estudiantes exigían básicamente una educación no sexista. Hasta se juntó la muy conservadora Facultad de Derecho de la Universidad Católica, en la cual un grupo formado en un principio de 127 estudiantes de quinto año firmó una carta recopilando las numerosas frases despreciativas, discriminatorias y misóginas que deben escuchar cada día, al estilo “Hay que exigirles más a las mujeres feas porque las lindas, aunque tontas, igual encuentran marido” o "Señorita, hágame un favor y agarre los cuatro palos [millones] que cuesta la carrera y váyase al mall" (ejemplos abundantemente citados estos últimos días en la prensa chilena e incluso en El País).

El 15 de mayo, el Rector Vivaldi y Carmen Andrade, Directora de Igualdad de Género de la Universidad de Chile, requirieron que se promulgara lo antes posible la Ley sobre las Universidades del Estado y que el Proyecto de Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia sea considerado como urgente, preocupados por el hecho que las instituciones de educación superior todavía no dispusieran de herramientas jurídicas suficientes para enfrentar el acoso y la violencia sexual. Además de estas solicitudes, destacaron la necesidad de entregar una educación no sexista modificando a ese respecto las mallas curriculares. (http://www.uchile.cl/noticias/143514)

¿Qué significan estas agitaciones? Que los casos más graves que provocaron la ira pública y movilizaron masas han permitido también sacar a la luz un sexismo insidioso, solapado, que las mujeres deben enfrentar a diario, un machismo del cual son víctimas no solo en sus recintos profesionales sino también en sus universidades, ¡espacio que uno imaginaría mucho más limpio y “evolucionado” que otros! Sin embargo, la desigualdad de género y la misoginia que persiste en la cotidianidad chilena también resiste en el ámbito universitario, a pesar de todos los congresos, conferencias, tertulias y publicaciones que dedica al tema. ¡Y eso sí es preocupante! Hasta el muy conservador Mercurio subrayaba, el 11 de abril, la “casi nula participación de mujeres en los más altos cargos de las universidades del CRUCh [Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas]. De las 27 personas que encabezan los establecimientos, solo hay una rectora, y fue nombrada por la ex presidenta Michelle Bachelet. Las mujeres, sorteando brechas incluso para llegar a ser profesoras titulares, todavía no han ganado una elección.”

Cuando las secundarias empiezan a juntarse a las manifestaciones del país, no podemos ignorar la gravedad de la situación. A Chile todavía le falta una conciencia feminista, una verdadera igualdad de género, una protección de los derechos reproductivos de la mujer y una defensa de su libertad sexual. Es de esperar que las movilizaciones que pudimos observar estas últimas semanas sigan creciendo, y sobre todo que no fueran palos de ciegos, que no sirvan solamente de comparación romántica con los movimientos de los 60, y para que todos los abusos fatales que llegaron a las portadas no hayan sido tragedias inútiles.