AMULETOS CONTRA LAS BALAS

Detente bala

Redacción Iniciativa Laicista

BBC News ha dado a conocer la muerte de Chinaka Adoezuwe, de 26 años de edad, curandero nigeriano, que preparaba amuletos para protegerse de los disparos. Con la finalidad de probar las bondades de su producto, hizo que un potencial cliente le disparase al pecho. Lamentablemente para él, su fe no logró detener las balas y murió. Consigna el medio periodístico que estos productos son tan comunes en Nigeria que a principios de este año murió un comprador, al ingerir una poción anti-balas que no fue exitosa.

La noticia nos trajo a la memoria la labor de los capellanes católicos durante la guerra entre Chile, Perú y Bolivia, a fines del siglo XIX, que distribuían escapularios entre las tropas, promocionándolos como eficaces artilugios para evitar la muerte. Eran los llamados “detente bala”. Según recordaba Francisco Machuca, en su libro Las Cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico, los capellanes distribuían a las tropas un trozo de paño con la imagen de Jesús, que llevaba la leyenda: “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”.


El lector pensará que estas cosas ocurrían entre personas de escaso nivel cultural y otras que abusaban de su credulidad, en una época en que la educación y la razón escaseaban. Pero no es así. Estas tradiciones se mantienen vigentes hasta hoy en países del primer mundo.


En enero de 2017, la prensa internacional destacaba que 600 soldados españoles, enviados a combatir en El Líbano, habían recibido otros tantos escapularios confeccionados por las monjas de la orden Carmelitas Descalzas, de Toledo. Antes de ser entregados a los combatientes, los escapularios habían sido bendecidos por el capellán católico que acompañaría al contingente. Provistos, así, con este “detente bala”, los soldados españoles marcharon hacia Marjayoun, para sumarse a las fuerzas de los cascos azules de las Naciones Unidas.


La fe mueve montañas, piensan algunos. Puede ser digna de elogio la fe de Chinaka Adoezuwe; sin embargo, su credulidad le costó la vida.