Indignante negacionismo del Ministro de Cultura

detenidos golpe militar

Redacción Iniciativa Laicista

“La verdad es que más que de un museo —que como tal debe buscar hacer comprensibles las cosas y en el cual siempre debe imperar un sentido responsable y serio de la historia— se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, […], impedirle razonar. Es una manipulación de la historia usada por quienes manejan el presente a fin de controlar el futuro […] Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”.

Mauricio Rojas, recientemente  nombrado como ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

¿Alguien podría creer la sinceridad de Rojas cuando declara —justo ahora cuando su pensamiento, que quedara plasmado en un libro en coautoría con el Canciller Roberto Ampuero, se hace público— que recapacitó y que los inadmisibles conceptos antes expresados “ya no representan su 'pensamiento actual'"? Porque no se trata de una simple declaración esgrimida ante una pregunta repentina, en que pudiera escudarse en la eventualidad de no haber sabido expresarse, sino de un texto escrito que debe haber releído y revisado muchas veces antes de ser publicado.

Si se analiza el párrafo, incluso en su contexto, se puede percibir que no se trata de un análisis político desapasionado, que no obedece a una visión a la que concurran la comprensión de la tragedia que aplastó al país y el respeto por las incontables víctimas, sino de una posición dogmática y visceral, que se niega a aceptar el juicio histórico sobre los abominables atropellos a los derechos humanos de gran parte de la población del país, una tragedia que ojalá nunca volviera a repetirse, y que es precisamente uno de los grandes objetivos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

Rojas no sólo niega la veracidad de los escalofriantes testimonios expuestos en este lugar de memoria, sino que les da un carácter instrumental “de la izquierda” para “manipular el futuro”. Ante tan brutal distorsión de los hechos, ante la negación de crímenes archicomprobados, sin mostrar un mínimo de empatía ante el dolor infligido, ante la falta de racionalidad para ignorar el terror impuesto tras los bandos militares, los fusilamientos sumarios, los desaparecidos y lanzados al mar, las torturas inenarrables, no cabe sino reconocer con vergüenza y preocupación que el pensamiento del actual ministro de la Cultura es de una estulticia semejante a la de muchos ministros de la dictadura.

Nuevamente los ministros voceros tendrán que salir a dar explicaciones al país. Pero no se trata ya del desatino del exministro Varela hablando del condón de sus “campeones”, ni de la recomendación a los padres de una escuela de Lota a que hagan “un bingo” para que la lluvia no caiga sobre sus pupilos mientras están en la sala de clases. El pensamiento escrito de Rojas, donde manifiesta su desprecio por la preservación de nuestra memoria histórica, escapa a la anécdota y uno no puede ya dejar de preguntarse: ¿Cuáles son los estándares según los cuales elige sus ministros el presidente Piñera?