La crisis de la inmigración europea

Inmigración europea

Redacción Iniciativa Laicista

El miércoles 15 de agosto, el exdiputado europeo ecologista y ex figura de Mayo 68 Daniel Cohn-Bendit aboga por la creación de “una agencia europea de los refugiados con presupuesto adecuado”, ya que según él, la Unión Europea no dispone de ninguna estrategia válida al respecto. Añade que ni la UE ni la ONU tienen la fuerza de poner en práctica todos los planes complejos que han sido sugeridos hasta ahora.

Es interesante notar que cada vez que vuelve al ataque con el tema, Cohn-Bendit, que sigue militando a favor de lo que llama “una política equilibrada de la acogida de refugiados, ve el remedio en la terminación del “reglamento de Dublin”.
Firmado en 2013 entre los miembros de la UE más Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein, este reglamento delega al primer país de acogida el examen de la solicitud de asilo de un refugiado. Es decir que, en el caso europeo, un refugiado que llega primero a Italia y sigue su camino hasta Alemania no puede solicitar el asilo en Alemania, sino que tendrá que devolverse a Italia para realizar los trámites correspondientes. Un proceso complejo y discutible, que requirió además la implementación de un sofisticado sistema de identificación de cada refugiado desde su llegada al suelo europeo. La única excepción del reglamento, y según sus detractores uno de sus pocos aspectos positivos, sería en caso de reagrupación de familia (sin guiño sarcástico a Donald Trump, por supuesto). También el refugiado podría hacer apelación en caso de maltrato comprobado en el primer país de acogida.

En los dos últimos años, el número de personas “dublinadas”, como las llaman, aumento de manera considerable. Sin embargo, las críticas también siguen. El ejemplo de falla del sistema que siempre mencionan sus oponentes es lo que ocurrió durante el verano 2015, cuando Grecia fue sumergida por las inmigraciones y los refugiados tuvieron que seguir su camino hacia Alemania. También recordamos, en la misma época, las fuertes críticas que fueron emitidas sobre las condiciones en las cuales vivían los exiliados en Francia. Se fijaron entonces cuotas por país, y el resultado fue el descontento de los países de primera entrada.

Empezó a complicarse la situación en 2016, cuando Italia se convirtió en la primera puerta de entrada de los refugiados, con la furia de la Liga de ultraderecha, Matteo Salvini a la cabeza. Recordamos el triste episodio del Aquarius en junio de este año…

Justamente, es de nuevo el Aquarius – recién acostado en Malta - que logra animar los debates. Cohn-Bendit, por su lado, se había declarado favorable a su acogida en un puerto francés, y mantiene su posición en caso de que se reproduzca la misma situación: primero, acoger a los refugiados y después tratar los casos en la Ofpra (Oficina francesa de protección de refugiados apátridas), “para demostrar la capacidad de cooperación europea”. Añade que la situación de los migrantes, en Europa, se repite año tras año por la simple razón que no hay estrategia sobre el tema: el primer barco se puede acoger sin complicación, el segundo también, pero con el tercero se presenta la crisis.

El problema, en realidad, no pertenece a un país más que otro. Y mientras no habrá una política global, tampoco habrá solución. Cuando refugiados del Aquarius, originalmente desembarcados en Valencia, terminaron su recorrido en Lille, nadie se preocupó por el reglamento de Dublín, recuerda Cohn-Bendit. La solución sería entonces crear una agencia europea de los refugiados con presupuesto adecuado, dedicada exclusivamente a este tema, y organizar centros de acogida al inicio del recorrido de los migrantes, para evitar los desvíos inútiles y dificultosos. Un proyecto bien prometedor, pero lejos de concretarse…

(Fuentes: Le Monde y AFP del 15 de agosto 2018)