La represión sexual del clero católico y los abusos

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Por Antonio Gómez Movellan - Presidente Europa Laica (España)

El último escándalo sobre los abusos sexuales a menores en la iglesia católica de Estados Unidos ha confrontado a la sociedad con un problema que ya viene coleando desde hace muchos años. Para encubrir y amortiguar el daño que al catolicismo pueda estar significando este asunto, la iglesia católica, sobre todo en los países protestantes, ha ido indemnizando, reconociendo y al mismo tiempo ocultando esta realidad. Solamente basta recordar la actitud que tuvo el Papa Francisco para encubrir los abusos sexuales en su última visita a Chile. También, quizás menos conocido y aún más disimulado por la institución católica, son las violaciones de miles de monjas en las misiones del mundo en desarrollo, que fueron cometidas por los misioneros católicos.

La iglesia católica - y otras religiones en el mundo - están obsesionadas por el sexo. Incluso se podría afirmar, si se tratara de una persona física, que su obsesión tiene características de delirio. La batalla que lleva la iglesia católica en contra de la libertad sexual hace que se enfrente con la sociedad civil y también con la comunidad científica. La legislación restrictiva sobre estos asuntos que existe en muchos países del mundo, y el código sobre matrimonio, divorcio y aborto, han estado condicionados por las injerencias de las iglesias y particularmente de la iglesia católica, como recién hemos visto en Argentina.

Uno de los rasgos distintivos del catolicismo es la imposición de la represión sexual al clero. El clero de otras religiones - incluso los católicos de rito oriental - no tiene patrones tan represivos de la sexualidad, y aunque comparta, en la mayoría de ellas, su carácter machista, su desprecio a la igualdad hombre-mujer y su homofobia desmedida, no tiene el celibato como norma. No cabe duda de que los esquemas de la represión sexual del clero católico están conectados con el abuso sexual. En general, en todas las sociedades donde hay represión, también hay abusos.

El hecho que organizaciones privadas como la iglesia católica impongan a sus miembros unas pautas de represión sexual no debiera permitirse en una sociedad democrática, ya que la libertad sexual es un derecho humano que debe protegerse, de igual manera que las organizaciones que marginan a la mujer o los homosexuales, ya que van contra las leyes comunes. La idea que las instituciones privadas puedan violar las libertades y derechos de las personas, en aras de una supuesta libertad, es reaccionaria, y esto vale para las sectas de todo tipo que realizan prácticas de coacción que transgreden los derechos humanos - entre ellos la libertad sexual.

Una observación que debemos realizar en el asunto de los abusos sexuales por parte del clero católico es que estos casos están apareciendo, si exceptuamos Irlanda, mayoritariamente en países protestantes o evangélicos, o países donde los evangélicos tienen una gran influencia, como EE. UU. o Australia. Esto tiene mucho que ver con la guerra del mercado religioso que se está produciendo en esas sociedades donde los evangélicos saben utilizar el talón de Aquiles que constituye el abuso sexual para el clero católico. También debemos preguntarnos porque estos casos no aparecen tanto en los países donde es mayoritario (caso de Italia, Grecia, España o Portugal); pero quizás tenga que ver con una ocultación social de los abusos sexuales.

Lo que es vergonzoso es que en España se siga amparando y fomentando la educación de los niños y jóvenes en colegios católicos y que, en nombre de la libertad religiosa, se inculque una ideología represora de la sexualidad, machista y homófoba. Lo que es intolerable es que más de 9.000 menores tutelados por las administraciones públicas estén siendo cedidos -con dinero público-, a organizaciones religiosas y sectas, sometidos a una ideología reaccionaria en contra de la sexualidad libre y de la igualdad, la represión de éstas constituyendo la base del abuso sexual.