El clamor de los premiados

PREMIADOS CON LOS REYES

Redacción Iniciativa Laicista

En solemne ceremonia, presidida por los reyes de España y llevada a efecto en el Teatro Campoamor de Oviedo, han sido otorgados  –el pasado viernes 19 de octubre– los Premios Princesa de Asturias 2018, destinados a galardonar “la labor científica, técnica, cultural, social y humana realizadas por personas, equipos de trabajo o instituciones en el ámbito internacional”. Estos premios suponen la distinción más importante después de los Premios Nobel,  y se entregan desde el año 1981.

Esta vez los premiados fueron:

  • Premio de las Artes: el director de cine Martin Scorsese.
  • Premio de Comunicación y Humanidades: la periodista Alma Guillermoprieto.
  • Premio de Cooperación Internacional: las organizaciones de ayuda sanitaria en África: Amref Health Africa (Global) y Amref Salud África (España).
  • Premio de los Deportes: los alpinistas Reinhold Messner y Krzystof Wielicki.
  • Premio de las Letras: la escritora de novela negra Fred Vargas.
  • Premio de Investigación y Técnica: el biólogo Svante Pääbo.
  • Premio de Ciencias Sociales: el filósofo Michael J. Sandel.
  • Premio de la Concordia: la bióloga del mar Sylvia A. Earle.

Hubo consenso, en los medios informativos, de que los discursos de varias de las figuras galardonadas fueron coincidentes en contener clamores de advertencia, temor y desesperanza.  Por estar hoy la humanidad viviendo tiempos de fracturas, incertidumbres y amenazas, las palabras de algunos de los premiados no fueron plenamente de alegría.

Sylvia A. Earle, por ejemplo, habló con preocupación de la salud de los océanos: “Dentro de 50 años, los niños de hoy pueden mirar atrás y preguntarse: ¿Por qué no hicisteis algo mientras todavía había tiempo? O por el contrario: gracias por la sabiduría de proteger a la Tierra cuando todavía había una oportunidad de hacerlo”. Todo, según esta investigadora y vigilante de los mares, “cuando las acciones tomadas en los próximos 10 años determinan nuestro futuro para los próximos diez mil”.

La mexicana Alma Guillermoprieto dio las gracias por cuarenta años de periodismo. Nunca ha sido este un oficio cómodo y ella ha visto morir por él a algunos de sus más queridos amigos y compatriotas. Pero no se rinde y persiste en la trinchera: “Donde matan a uno, a la larga, suelen salir dos”.  Ya no disuade a los jóvenes de seguir la carrera de periodista; al contrario, los impulsa: “Porque contamos la historia del mundo, porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar, porque somos el antídoto de las redes sociales con su inmediatez y su potenciación de la rabia. Porque hacemos falta”.

El cineasta Martin Scorsese también se mostró sombrío por el destino del cine:  “Estoy preocupado por el pasado del cine, sí, y muy preocupado por su futuro”, advirtió. “El clima, el ambiente de hoy día. Las imágenes inundan nuestra vida. Pero todo se ha convertido en contenido, una palabra que desprecio. Ahora que el cine se está devaluando continuamente y al mismo tiempo la tecnología permite que cualquiera pueda hacer una película, ¿qué supone esto para los jóvenes? ¿Qué tipo de inspiración reciben? ¿Cómo cambiamos ese clima venenoso que nos rodea por uno en que un artista pueda seguir la luz que lleva dentro, esa chispa, esa alma, su duende?”.  Es necesario, sostiene, que los artistas consigan usar la tecnología y evitar que la tecnología los utilice a ellos.

Por su parte, el filósofo Michael J. Sandel  –que confesó sentirse todavía tan seducido por la filosofía como cuando comenzó su oficio de pensador–  presentó a esa disciplina como una “luz arrojada sobre nuestra vida cotidiana”. Así concebida, “la filosofía no solo pertenece al aula, sino a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común”.  Sandel se mostró comprometido con el proyecto que Sócrates comenzó: invitar a los ciudadanos a hacer preguntas difíciles sobre cómo debemos convivir. Esto resulta imprescindible en la actualidad: “En un momento en que la democracia se enfrenta a tiempos oscuros, hacer estas preguntas es nuestra mayor esperanza para arreglar el mundo en que vivimos”, aseguró.