La fuerza de la tolerancia

Por José Miguel Corral

Días después de la conmemoración del centenario del Armisticio que terminó con la Primera Guerra Mundial, la canciller alemana, Angela Merkel, se unió a la idea propuesta por su homólogo francés, Emmanuel Macron, respecto de la posibilidad de crear un ejército continental europeo como complemento al trabajo que actualmente desarrolla la Organización Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y cuyo fin sería: “demostrar al mundo que entre los países de Europa no puede haber más guerras”. La jefa de Estado alemana pronunció estas declaraciones ante el pleno de la Eurocámara en Estrasburgo (Francia), organismo que, en parte, celebró como rechazó la propuesta.

 

La respuesta de Donald Trump no se hizo esperar. El presidente norteamericano retrucó criticando la propuesta sugerida por el mandatario francés planteando que se está tratando de proteger a Europa de Estados Unidos, China y Rusia.

En la misma instancia, Merkel –en lo que se interpretó como el último discurso a la comunidad antes de dejar su cargo– resaltó los valores del viejo continente como la solidaridad y la tolerancia por sobre los egoísmos e individualismos nacionalistas. Sobre este tema, resaltó la importancia de que las naciones se involucren proactivamente en el fortalecimiento de la eurozona, la inmigración y los refugiados, entre otros aspectos. “La solidaridad también supone superar egoísmos nacionales. Y me consta que Alemania no siempre ha dado el ejemplo perfecto, por lo menos a los ojos de algunos. Por ejemplo, antes de 2015 tardamos en entender como alemanes que la cuestión de los refugiados no solo nos afectaba a nosotros sino a todos los demás”, declaró Merkel.

Si bien es cierto la propuesta es plausible en términos del actual declive de ciertos valores, el surgimiento de ciertos liderazgos extremos, esto no debiera suponer un menoscabo para Europa como agente garante y transformador de la globalización. La existencia de un ejército continental se justificaría única y exclusivamente si éste es concebido bajo la lógica de la multilateralidad, el respeto a la identidad de cada país dentro de un contexto comunitario, el diálogo, la Democracia, la cooperación mutua y, por extensión, la tolerancia. Lo anterior, no obstante, no debiera opacar otras reformas pendientes en la zona euro, tales como el ingreso de algunas naciones faltantes, desarrollar y complementar el aspecto social de la comunidad (ya que hasta ahora ello no existe), además de crear leyes relativas a la inmigración y el asilo de refugiados. De esta manera, sí y sólo sí, cobrarían sentido las palabras de la canciller alemana, quien declaró que la solidaridad es un rasgo definitorio del alma europea.

La idea de contar con un ejército comunitario no es nueva. En su momento, el mismo Charles De Gaulle frenó esta idea planteada para defender los intereses de la antigua Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Tal vez Macron se basó en este hecho para reflotar este anhelo.

Merkel se ha ganado el respeto de la comunidad y del mundo. Su discurso ante la asamblea comunitaria fue escuchado y ovacionado por el pleno, incluso por sus más férreos adversarios. En su minuto, el gran acreedor del viejo continente fue Alemania, por lo que su legado ciertamente trascenderá y, en este caso, su apoyo a Macron respecto a la idea del ejército continental fue atendido y tomado en serio por todos. Es por eso que se reivindicó como líder moral y garante de la estabilidad de la Unión, apelando al principio de tolerancia como base del espíritu de Europa, aunque al mismo tiempo apelando a la necesidad de contar con una fuerza de protección efectiva, en momentos en que las relaciones con Estados Unidos se ve más endeble que nunca. La política teutona afirmó que, en medio del escenario global actual, solo el principio de la tolerancia permitiría “entender los intereses y necesidades del otro tan bien como los propios”. Hay quienes interpretaron el discurso de Merkel en el sentido de que ensambló, de manera clara y coherente, el principio de la fuerza coercitiva con el valor de la tolerancia apuntando a un mismo fin, esto es, procurar la seguridad del bloque sin dejar de lado los principios que dieron origen a la comunidad.

En un contexto mundial en que el Brexit británico se suma a la elección de Trump en Estados Unidos y donde las posturas frente a algunos temas se han polarizado, no debe extrañarnos ver  ideas de este tipo surgiendo, más aun que – tal vez como resultado de estos factores– la competitividad y la búsqueda de autonomía de las naciones se ha convertido en una constante, las naciones buscarán cada vez más fortalecerse en virtud de sus propios intereses. Ello no tiene por qué ser necesariamente negativo, siempre y cuando se tenga siempre como horizonte de la sana convivencia, el respeto y la tolerancia para todos los actores involucrados.