El ‘burkini’ abre el debate en Francia

burkini

Por José Miguel Corral

Activistas se manifiestan contra el veto de las autoridades galas respecto al uso de la prenda por parte de quienes genuinamente quieren exhibirlo. 

Puede parecer algo contradictorio, pero no lo es. Francia es el epicentro de una lucha que a simple vista es el revés de lo que la mayoría de los pueblos y sociedades pueden estar buscando: en un país donde las libertades civiles en su mayoría ya se consiguieron, hoy las mujeres musulmanas buscan poder lucir, sin arriesgarse a multas o sanciones legales, el burka. El escenario –muy ad hoc a la época en esa zona del mundo- son, nada más ni nada menos, las piscinas públicas de la ciudad francesa de Grenoble, hasta donde han llegado con la prenda bautizada como burkini, como forma de protesta para usar este traje de baño. La cuestión no ha pasado inadvertida, ya que se ha reabierto el debate respecto al derecho que tienen las mujeres a usarlo, si así lo desean. El punto radica en que Francia, un país que históricamente ha defendido a ultranza la laicidad, puede estar distorsionando este pilar fundamental (la laicidad) para defender posiciones anti islámicas.

El debate surgió a principios de este año, cuando asociaciones ciudadanas de Grenoble optaron por desafiar las estrictas medidas de uso de las piscinas galas relativas a la vestimenta. En función de mantener ciertos resguardos de higiene y seguridad al interior de estos centros recreativos, las autoridades prohíben cualquier tipo de traje de baño que exhiba más tela de la realmente necesaria para el baño. “Hay mujeres que desean acceder a un servicio público y no pueden y los motivos para ello son totalmente injustos e infundados”, dice Lea Galloy, portavoz de Alliance Citoyenne, la asociación civil detrás de las manifestaciones. Galloy, asevera que la autoridad protectora de los derechos civiles en Francia, recomendó en 2018 a un centro de baño privado “modificar su reglamento interno para que no sea discriminatorio”, luego de prohibirle a una mujer bañarse con burkini en sus dependencias. La activista comenta, asimismo, que el Ayuntamiento de Rennes levantó el veto al burkini el año pasado, convirtiéndose en la única ciudad de Francia que ha llegado a hacerlo sin registrar problemas de higiene, seguridad o altercados entre personas por el uso de esta vestimenta.
En Grenoble la situación ha sido un tanto distinta. Hace pocos días se han enfrentado grupos a favor y en contra de la adopción de esta prenda, llegando incluso –a través de las redes sociales– a proponer desnudarse en las piscinas como defensa del laicismo a ultranza contra el islamismo. Para ese entonces, la discusión sobre el uso del burkini se había ampliado a todo el país.

Las autoridades francesas han defendido el no uso del burkini argumentando que las reglas que rigen los lugares públicos se han hecho para ser cumplidas y que “ninguna convicción religiosa” debe ser argumento para modificar dichos reglamentos.

Lea Galloy reconoce que no se esperaban esta reacción en la sociedad. Sólo pretendían que el alcalde local las recibiera para discutir una posible modificación a las reglas para que las mujeres musulmanas pudieran hacer uso legítimo de una prenda que las representa y a la cual libremente han accedido a usar.