Diálogo Abierto

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Iniciativa Laicista dialoga con María Eliana Vega Soto, presidenta del Colegio de Periodistas de la Región de Bío-Bío, candidata al Premio Nacional de Derechos Humanos. Entrevista de Eduardo Quiroz.

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“Haber trabajado en la Pastoral de Derechos Humanos del Arzobispado de Concepción, entre 1985 y 1989, ha sido una de las experiencias más intensas y enriquecedoras que me ha tocado vivir y que marcó mi vida profesional y personal y selló mi compromiso con la causa de los derechos humanos”.
Con estas palabras, la periodista María Eliana Vega Soto resume lo que ha sido su trayectoria profesional de más 36 años, gran parte de lo cual la ha dedicado al registro, rescate y difusión de la memoria de nuestra historia reciente.
Formada en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Santiago, de la cual se tituló en 1983, ha hecho su labor profesional en Concepción, región del Bío Bío, principalmente en la prensa escrita, como corresponsal en Diario La Nación (1991-2003) y Diario Crónica (2003-2006). En ambos medios de comunicación le correspondió reportear numerosas informaciones relativas a situaciones de DD.HH. 
Hoy, en medio de su postulación al Premio Nacional de DD.HH. que otorga el INDH, accedió a conversar con Iniciativa Laicista y, desde ya, agradecemos su cordialidad y amabilidad y le deseamos el mejor de los éxitos,


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IL.-  A diferencia de familiares  de quienes sufrieron violaciones de sus DD. HH. por agentes del estado en la dictadura, entre el 73 y el 90, tú no tienes ninguna víctima en tu familia ¿Qué te motivó, entonces, a esta lucha?  ¿Por qué  decidiste acompañarlos, fotografiar los actos represivos en la época de los 80  en las calles de Concepción y dejar un registro fotográfico tan extenso como el que dejaste?

MV.-  Esto tiene que ver con algunos hechos que pasaron en mi existencia, cuando yo viví y me  crié  y eduqué en Coelemu, que es un pueblo relativamente pequeño  en la región del Ñuble.  Hubo varios casos de violaciones de DD.HH., dos  de ellos bastante dramáticos, aunque todos son dramáticos. Pero estos,  especialmente fuertes,  corresponden al caso de dos detenidos desaparecidos. Uno era el alcalde de Coelemu, Luis Acevedo. Su caso yo lo conocí porque, cuando estaba estudiando en el liceo, fui compañera del hijo mayor del ex alcalde, José, y él me contó la historia de su familia y ese fue uno de los primeros antecedentes que yo tuve de lo que estaba ocurriendo  en nuestro país. Mucho antes no sabía nada, porque los padres, en general, esas cosas no las contaban tratando de proteger a sus familias; así que el acercamiento más directo fue a través de este testimonio.

Cuando yo opté por  estudiar periodismo me fui a  Santiago, estudié en la Universidad Católica, en la Escuela de Periodismo, y ahí en la década de los 80 también se vivió una situación bien compleja. Estaba empezando el resurgimiento de las primeras acciones de protesta contra la dictadura y en el Campus Oriente, donde yo estudiaba, habían varias carreras que eran del mundo de las humanidades, entonces también se empezó a gestar un movimiento opositor, pero este siempre fue muy reprimido. Había mucho miedo, había vigilancia, había amenaza. Era una situación bien compleja y los que teníamos alguna conciencia de lo que estaba pasando, sabíamos perfectamente que eso era así. Éramos testigos de situaciones represivas hacia nuestros compañeros y compañeras de Universidad. También en el año 80 se produce el secuestro y asesinato de un estudiante de periodismo que en estaba en el  último año, Eduardo Jara, por parte de un comando que se llamaba el Comando Vengadores de Mártires y ese hecho también provocó un fuerte impacto para todos en la Escuela de Periodismo porque, además, éramos bien pocos, entonces eso también fue dejando otra huella.

Cuando terminé la carrera y me titulé, en el año 83, me vine a trabajar en esta zona, a Concepción. Volví a mi región y me tocó a empezar a ejercer como periodista en septiembre del 83,  en el diario Crónica, que es un diario que ya no existe. Y me tocó reportear también,  directamente, algunas  situaciones represivas que se estaban dando con mucha fuerza. No hay que olvidar que en  el año  83  comienzan las primeras protestas masivas, públicas. Entonces ya había un movimiento que estaba emergiendo con bastante fuerza, el movimiento estudiantil de la región, estaban los trabajadores, también organizándose. El mundo social, organizaciones de derechos humanos, en fin.  Había ya una acción de protesta pública en contra del régimen y eso se traducía  también en mayor represión y a mí me tocó reportear varias situaciones y conocerlas más de cerca, conocer a los familiares y conocer también las organizaciones que estaban en la  defensa y promoción de los derechos humanos: el caso de la Pastoral Obrera también conocida como Vicaría acá en Concepción, por ejemplo. Comencé a sentir la necesidad de que lo que yo sabía, mi ejercicio profesional como periodista, estuviera al servicio de esta causa, de la causa  de los DD.HH.

MEVega2No sabía como insertarme, pero ya tenía esa inquetud . Y en el año 85  me llamaron de la Pastoral de DD.HH. para ser parte del equipo y encargarme del área de comunicación. Trabajé ahí los últimos cinco años de la década hasta que llegó la democracia. Yo tenía que hacer la labor de divulgación, la labor del registro. Comencé, entonces, a salir a la calle con mi cámara, a  registrar acciones, las cosas que pasan en la calles y, además, las acciones internas de la Pastoral , a conocer a las organizaciones, a  los familiares y sus historias. Esa labor me permitió a tomar una opción  que se mantiene hasta el día de hoy: esta difusión del rescate y divulgación de los derechos fundamentales de las personas. Y, con el tiempo, ese material que yo logré recoger o captar en ese periodo  me ha servido para la labor de ahora, que es más bien de rescate de la memoria, promoción y difusión de esa memoria para que esos hechos que ocurrieron en ese periodo tan oscuro en nuestra historia no  se vuelvan a repetir  y sean conocidos por la generaciones que no  vivieron en ese momento.

IL.- ¿Hubo algún caso, de todos los que te tocó conocer, que te haya dejado en particular marcada? ¿Alguno que tengas con mayor fuerza en la memoria o que te haya impactado más que otros?

MV.- Hubo varios. Antes que yo entrara  a trabajar a la Vicaría, cuando comencé  a trabajar en el Diario  Crónica me tocó reportear los hechos que sucedieron antes del sacrificio de Sebastián Acevedo Becerra, el obrero de Coronel que el 11 de noviembre del año  83  se inmoló frente a la catedral porque dos de sus hijos habían sido detenidos por la CNI . Los días previos se produjo una oleada de detenciones por parte de efectivos de la CNI: más de 20 personas, la mayoría jóvenes. Muchos era militantes del Partido Comunista. Me tocó ir a reportear esa situación, escuchar a los padres de estos jóvenes detenidos. La CNI tenía amplias atribuciones: podían detener a las  personas y mantenerlas desaparecidas durante cinco días sin que tú supieras nada de ellas, ni dónde las tenían ni en qué condiciones estaban. Esto era muy dramático para una famila. Dejé esos hechos plasmados en pequeñas notas para el  diario. Estábamos viviendo una situación de censura bastante fuerte. No era fácil publicar en un medio de comunicación estas cosas. Pero siempre las publicábamos, aunque fueran en columnas pequeñas. El día en que Sebastián se inmoló, ese 11 de noviembre, él con su señora fueron al diario. Me acuerdo perfectamente: él ingresó a la sala de redacción donde yo estaba. En ese minuto yo tenía que ir a reportear, era un día viernes. Como Crónica era un medio vespertino, el diario del viernes lo dejábamos listo temprano para el sábado, porque el sábado salía en la mañana y no salía en la tarde. Yo tenía ya asignada una misión, tenía una entrevista. Él quería hablar con un periodista y otro colega lo recibió. Cuando yo volví de mi tarea, en la tarde, me enteré de lo que había pasado y que la persona que había estado en la mañana con nosotros se había quemado frente a la catedral en horas de la tarde. Fue una gran conmoción en el diario, decidir si se publicaba o no la entrevista, en que términos se publicaba, etc.  Fue muy caótico ese día. Ese fin de semana viajé a Coelemu a ver a mi  familia, pensando cómo era posible que tuviéramos  que llegar a realidades tan extremas por la situación represiva que vivíamos y qué más podía hacer yo como periodista.

Un año después tomé contacto con esa familia, logré ir a su casa en Coronel, pude entrevistar a la viuda y a los hijos y empecé a planificar el escribir un libro sobre eso. Ese libro se demoró más de treinta años. Recién el año pasado lo pude escribir y se publicó con el nombre Un Hombre en Llamas. La Historia de Sebastián Acevedo. Esa  historia me marcó mucho.

Otro hecho que más recuerdo, porque me quedó muy  marcado también, fue uno que ocurrió precisamente cuando yo llevaba un mes trabajando en la Vicaría. Comencé a trabajar en enero del 85 y en febrero de ese mismo año estábamos en estado de sitio, lo que era bastante frecuente por lo demás. Un decreto firmado por  Pinochet y  por el ministro del interior de ese entonces, Sergio Onofre Jarpa, que falleció hace una semana atrás, decretó la prisión de un grupo de dirigentes sindicales de esta zona. Con ello se reinauguraron en el norte los campos de concentración de prisioneros. Estos dirigentes sindicales fueron enviados a Calama, a un lugar que se llama Conchi. Nosotros hicimos una campaña para pedir su liberación, presentamos recursos judiciales, etc. Después llegaron otros detenidos de  Santiago y Valparaíso al segundo campamento de prisioneros que  estaba en condiciones muy extremas, a más de 2000 o 3000 metros de altura, en condiciones muy precarias y eso también me provocó un impacto muy fuerte, porque a esas personas yo también ya las había conocido, yo sabía quienes eran. Ellos frecuentaban la Vicaría y recibíamos todos los días a sus familias muy preocupadas. Nos embargaba una sensación de impotencia, pero seguíamos tratando de sensibilizar difundiendo estas informaciones.  Era nuestra oportunidad  de colaborar y, finalmente, la  acción judicial permitió que esos presos fueran liberados.

Muchas situaciones, muchos casos nos marcaron a muchos. A mí sobre todo, porque llevaba muy poco tiempo ejerciendo como periodista. Era como meterse a un túnel y no saber si algún día íbamos a poder salir de ahí, esa era la sensación que al menos  yo tenía.MEVega3

IL.-  María Eliana, tras 37 años de ejercicio de tu profesión de periodista,  habiéndote especializado en la defensa y protección de los DD.HH. y con doce libros publicados, ¿qué sientes que te falta por realizar?

MV.- En realidad, me falta mucho. Hay muchas cosas que no se saben todavía. Esta fue la segunda región más golpeada por la represión de la dictadura, tanto en la cantidad de personas afectadas, detenidas, torturadas, detenidos desaparecidos, ejecutados, como por los  recintos carcelarios que hubo acá. Estoy hablando de la provincia del Bío-Bío, la provincia de Ñuble, la zona rural. Hay muchos casos que son muy dramáticos, de los que algunos apenas han salido a la luz pública porque han sido investigados judicialmente, pero hay otros que ni siquiera han llegado a eso. Y siento que aquí hay una labor que todavía falta por realizar y voy a hacer el esfuerzo de rescatar algunas de esas historias y hacerlas públicas. Hay mucha situación que quedó oculta porque había mucho miedo o porque las familias, sobre todo en la zona rural, técnicamente convivían con sus represores.

Eso también ha llevado a un proyecto en Concepción, en el que también estoy involucrada aportando desde mi labor de periodista,  que es el Museo Regional de la Memoria y los DD.HH. El museo que está en Santiago es el museo de Santiago finalmente, pero en las regiones también ocurrieron cosas muy impactantes y aquí en esta región se está trabajando hace ya cuatro o cinco años para terminar este museo y plasmar muchas de estas situaciones que, en algunos casos, son apenas conocidas. Estoy trabajando en un proyecto de rescate de testimonios de personas para un archivo audiovisual, pues es una labor muy necesaria. Las generaciones futuras tienen que conocer lo que pasó. Aquí hay un derecho a la verdad que no es solamente de las víctimas y de las familias, sino que de todos nosotros, de toda la comunidad. Estamos todos afectados por lo que ocurrió en dictadura y debemos contribuir a algo que quedó muy demostrado en el estallido social de octubre: lograr  garantías de no repetición, lo que es fundamental en el marco irrestricto del respeto de los DD.HH.

Los hechos deben conocerse, la mayor cantidad de información tiene que estar disponible. Son parte, además, de una historia muy reciente, donde muchos de los protagonistas y afectados están vivos, lo cual nos permite tener un acercamiento distinto a esta memoria, no a través de lo que se escribió hace 100 años, sino que a través del relato vivo de esas personas. Yo siento que ese aporte todavía es muy necesario y por mi lado lo seguiré haciendo hasta que sea posible.

IL.- Tu trabajo tiene más dificultades aún por el afán centralista que se vive en Chile. ¿Qué se puede hacer para llamar la atención de la gente de Santiago y del Museo de la Memoria de la capital no solo sobre Concepción sino hacia tantos otros proyectos que, al respecto, pueden haber en otras regiones más pequeñas y que nosotros desconocemos?

Esta es una de las principales razones que hace sentido, en mi caso, al ser postulada por la Agrupación de Presos Políticos de Chacabuco con quienes también hemos realizado trabajos de memoria muy interesantes. Ellos colaboraron mucho conmigo en la edición de un libro que lancé en abril del 2017 con relatos de personas que estuvieron detenidas en el estadio, pues cuando se habla del estadio se relaciona directamente con el Estadio Nacional, pero se les olvida que en regiones también hubo centros deportivos que fueron utilizados como centro de detención y tortura. Aquí en Concepción lo fue el Estadio Regional de Concepción. Bueno, a mí me compete, como periodista, el rescate, la organización y divulgación de la memoria, pero hay otras organizaciones que hacen lo suyo: con la denuncia callejera, con estar presentes en las calles exigiendo verdad y justicia, con las acciones judiciales, con el rescate de sus propias historias incluso visibilizándolas a través de actos, conversatorios, conmemoraciones u otros tipos de acción. Todos de alguna manera confluimos a lo mismo. Yo siento que las regiones sí se hacen cosas y es importante que lo que se realice tenga visibilidad o, por lo menos, valoración de parte de la capital, de Santiago, porque gran parte de las decisiones se toman allá. Sobre todo cuando se trata de  inciativas de proyectos mayores.

En el caso del Museo de la Memoria de acá, sabemos que parte de los recursos que se debieran invertir tienen que venir también del mundo sectorial, a través de algún ministerio, y esas son decisiones que se toman en la capital, no acá. Pienso que todas las acciones que uno pueda hacer en este sentido son importantes y, en este caso, mi postulación al Premio Nacional de DD.HH tiene que ver con eso, con reivindicar o hacer más visible el trabajo de región. Es lo que me mueve.

Sabemos que hay otras regiones con iniciativas similares a las de Bío-Bío. Las están trabajando desde sus propias organizaciones y, en la medida que estas acciones se divulguen y haya un mayor conocimiento, eso va a permitir que más voluntades confluyan. Acá en Concepción hay en la Universidad grupos interdisciplinarios que trabajan la temática de los DD.HH. Hay muchas miradas de distintos sectores de la comunidad, no solamente de las víctimas y los familiares directos, sino que también desde otros ámbitos del quehacer y que también van a confluir en algún momento para ayudar a mantener esta memoria y visibilizarla más, siempre con ese ánimo de que el conocimiento es esencial para que las nuevas generaciones sepan lo que ocurrió, que fue real, que no se puede negar y que nos sirve de experiencia y de lección, sobre todo para los que están más adelante que nosotros y, en cierta medida, reforzar esta necesidad de que no se vuelvan a repetir hechos como estos jamás.

¿Qué te motiva, además, a aceptar postular a este Premio Nacional de DD.HH. 2020, que cada dos años otorga el INDH?

Siento que hay una necesidad de visibilizar todos estos esfuerzos y labores que se han desarrollado de manera sistemática y desde mucho tiempo atrás. No es una acción sólo de ahora. De hecho, en mi caso, desde que ejerzo como periodista hace más de 37 años, estoy en esto de una u otra manera. No sólo en la visibilización de violaciones de DD.HH y la represión acaecida en dictadura, sino que también en el ámbito laboral, indígena, en la no discriminación, etc. Me he estado desenvolviendo en muchos ámbitos al respecto y eso ha sido posible gracias a que, cuando trabajé en el diario La Nación como corresponsal en Concepción por más de 12 años, me permitieron ese espacio y la posibilidad de difundir esas cosas y que colaboraron en esa acción. Entonces ha sido una labor que ha permanecido en el tiempo y que, además, se ha complementado con publicaciones y libros, proyectos en los que he tenido apoyo de otras personas u organizaciones, colaboración de distintas iniciativas, foros, conversatorios, etc. Aportando con documentación de mis recolecciones y archivos personales al Archivo Histórico de Concepción, a quienes agradezco la oportunidad, porque en su página web hay un Municipio de DD.HH. donde yo hablo de las situaciones represivas sucedidas en esta zona, y donde hay material que yo he podido aportar, disponible para que las personas lo puedan conocer o necesiten saber algo más.

Esta es una acción, como decía, permanente en el tiempo, con una lógica y que espero dure por muchos años más, hasta donde pueda hacerlo. Mi motivación principal es el rescate de la memoria, lo que se hace cada vez más necesario y urgente. Ese es el principal sentido que tiene esta postulación y el motivo por el cual acepté esta propuesta hecha por la Agrupación de Presos Políticos de Chacabuco, a quienes reitero mis agradecimientos, al Colegio de Periodistas de Bío-Bío que tengo el honor de presidir, por todo el apoyo que me han prestado en esta postulación y, bueno, la tarea va a quedar cumplida en la medida que podamos hacer visible lo que se está realizando en regiones y en distintas localidades en pos de la memoria y la defensa y promoción de los DD.HH.