TELECIUDADES, PANDEMIAS Y OTRAS YERBAS

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Por Gonzalo Loyola, Arquitecto

El descubrimiento de la máquina a vapor y la posterior Revolución Industrial condujeron a muchos cambios sociales, económicos, culturales y políticos. En ese contexto, la transformación de las ciudades fue uno de los resultados consecuentes con esos cambios.

 

Las ciudades comenzaron a implementar grandes extensiones de terreno destinadas a la actividad productiva, ahora industrializada, implementando todos los cambios necesarios para esto. Aumentaron y se intensificaron las redes de transporte, tanto de carga como de pasajeros, se implementaron nuevas infraestructuras energéticas, sanitarias y de comunicación para sostener este nuevo crecimiento.

La población rural, cuya actividad productiva prácticamente seguía igual que hace 30 siglos, se vio atraída a esta nueva actividad, y a la vida en las ciudades. De este modo, junto con la aparición de las industrias, también aparecieron los barrios industriales o barrios obreros, la densificación y el desarrollo de edificaciones en altura.

Este cambio trajo consigo la aparición de nuevos problemas urbanos, hasta el momento prácticamente inexistentes, tales como contaminación atmosférica, congestión en las redes de transporte, segregación social/espacial y otros. Estos problemas fueron abordados con la implementación de distintas soluciones, con resultados diversos según la realidad económico-cultural de donde se implementaban.

Más adelante, a mediados del siglo XX, aparecen nuevos factores en escena que contribuyen a cambios significativos en la dinámica del desarrollo urbano. El concepto del “crédito” para la compra de viviendas permite que las personas puedan adquirir una vivienda propia antes de pagarla. Esto aumentó considerablemente la compra de viviendas y significó, consecuentemente, un crecimiento relevante de las ciudades.

Esto último, acompañado por la masificación del automóvil, llevó al desarrollo suburbano de las ciudades. La necesidad de “habitar” fuera de las ciudades, y desplazarse para ir a trabajar, generaron un patrón de desarrollo urbano periférico conocido como “los suburbios”.

Pensadores como Alvin Toffler plantearon, a través de obras como “El Schok del Futuro” (1970) o “La Tercera Ola” (1980), que el ser humano volvería a vivir en el campo, asistido por las telecomunicaciones. Autores de literatura de ficción y anticipación, tales como Ray Bradbury y Arthur C. Clarke apuntaron en sus obras como, en un futuro inmediato y próximo, la tendencia residencial iría hacia abandonar las ciudades y volver a habitar el campo, gracias a las mejoras tecnológicas.

La cultura popular también hizo sus apuestas al respecto. La serie de dibujos animados “Los Supersónicos” (The Jetsons) planteaba la historia de una familia, en un futuro ultratecnologizado, donde todas las actividades rutinarias podían ser a distancia: teletrabajo, telecompras, telereuniones sociales, etc. Paradojalmente, esta fantasía futurista planteaba la misma realidad social de la década de los 60s; hombre proveedor, mujer dueña de casa, sirvienta 24/7 (con la salvedad que se cambió a una mujer afroamericana por “una robot”), lo que visto en la actual perspectiva resulta, a lo menos, poco futurista.

Sin perjuicio de todas estas visiones y apuestas de distinta índole, profundidad y procedencia, el desarrollo de las ciudades siguió de manera sostenida en las décadas siguientes. Se acentuó la migración masiva hacia a las grandes ciudades, en busca de oportunidades laborales, equipamientos y servicios.

Esta tendencia potenció el crecimiento de las grandes urbes, agudizando los problemas de contaminación, congestión, segregación, delincuencia, entre muchos otros, con aristas sociales, culturales, sanitarias y económicas.

En varios países desarrollados, se implementaron políticas públicas para revertir esta tendencia, promoviendo la vida en el campo a través de todo tipo de incentivos y subsidios. Los cordones de pobreza, de bajo nivel de urbanización, empezaron a ser parte del paisaje de las grandes ciudades, en especial en los países en vías de desarrollo.

En la película Elysium (Neill Blomkamp, 2013) se plantea un futuro distópico de extrema pobreza, marginalidad y baja calidad de vida en el siglo XXII. Paradojalmente, para la recreación de esta “ficción urbana” no se necesitaron maquetas digitales ni efectos especiales…simplemente se filmó en la periferia de Ciudad de México en su condición actual (sector bordo de Xochiaca). La pobreza y marginalidad urbana ya superaban la ficción.

El año 2008 se alcanzó un umbral inédito en la historia de la humanidad. Por primera vez, la población de las ciudades era mayor que la que habitaba en zonas rurales en todo el planeta. El ser humano paso a ser un habitante mayoritariamente urbano.

A raíz de los recientes acontecimientos producto de la pandemia planetaria, el año 2020 nos encuentra con un porcentaje importante de la población mundial recluida en sus hogares. Quienes pueden, dado que es un privilegio, ejercen desde sus hogares el teletrabajo, compran por telemercados, estudian por teleclases y sociabilizan por telereuniones.

Algunas voces, guiadas más por el entusiasmo que por algún tipo de documentación, proclaman de manera apresurada que, ahora sí, esto significará “el fin de las ciudades” como las conocemos, y que la tendencia de las telerelaciones y teleservicios será la norma de aquí en adelante

En lo personal…dudo que así sea.

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