Diálogo Abierto

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Jorge Calvo (1952) es cuentista, novelista y gestor cultural literario, así como director y colaborador de Clubes de Lectura, difundiendo obras y autores en programas radiales y revistas culturales. También es director de talleres de creación narrativa para aspirantes a cuentistas y novelistas.  ¿Cómo ha enfrentado la cuarentena este hombre de letras?  Iniciativa Laicista conversa con él.

Entrevista de Sylvie Moulin

 IL: Después de varias semanas de restricciones parciales, entramos ahora a una cuarentena total en la RM. ¿Cómo has vivido hasta ahora la situación y cómo consideras que va evolucionando en cuanto al tratamiento que le dan las autoridades?

JC: El ser humano en su infinita soberbia se encuentra convencido de que no solo puede explicar la “Realidad”, sino que también puede controlarla y en estos tiempos de globalización neoliberales consideraba había llegado al fin de la Historia con el control de la IA, los universos cuánticos y prepara la colonización de Marte y hasta se dispone a viajar en el tiempo: todo está bajo control. Sin embargo con este mensaje viral, la Realidad supera y desborda las ideas humanas. Y la historia nos enseña que cada vez que la Realidad pone en jaque al ser humano, este tiene que reinventarse en muchos sentidos. Por lo pronto, creo que muchos planes y proyectos tendrán que ser reformulados. Y como escritor pienso que frente a este paisaje de ciudades vacías la invitación obligada es a mirarse hacia adentro. ¿Hay alguien ahí?

Respecto de lo que puede ocurrir en el futuro, ello es incierto. Nadie tiene una bola de cristal. Y los oráculos no existen. Las autoridades tienen la responsabilidad de mantener el control y por eso continuamente aparecen haciendo todo tipo de declaraciones con anuncios y cálculos y medidas tranquilizadoras Ellos ponen la anestesia. Es su deber hacerlo, ya que no pueden propiciar el caos. Pero la verdad, por lo que se aprecia en el escenario mundial, nadie sabe qué está sucediendo, solo hay suposiciones y teorías. Nos encontramos en medio de un túnel, avanzando a tientas en la oscuridad. Y otro reloj cuyo tic-tac suena fuerte es el de la economía, ninguna economía resiste tantos meses de inactividad.

IL: ¿Qué ha significado para ti esta situación considerando tus actividades?

JC: Considero que –en efecto– nos toca enfrentar una situación extremadamente dura: tenemos el sospechoso privilegio de vivir algo inédito. Nunca la Humanidad había enfrentado una amenaza que paralizara a este punto el planeta. Ni siquiera las guerras mundiales. Y pienso que esta experiencia nos obliga a reinventarnos como individuos y como colectivo en varios sentidos. Ahora, en lo personal he comenzado por seguir las recomendaciones rigurosamente y desde el primer día me encuentro confinado en mi hogar. Sin salir ni siquiera una vez. Y en muchos sentidos para un escritor esta es una situación ideal, ya que obliga a permanecer enclaustrado y a escribir. Y, por fortuna, gracias a los medios tecnológicos actuales, he podido vía ZOOM, MEET y otros mantener la mayoría de mis talleres y también he podido continuar escribiendo artículos para revistas que, de algún modo, me permiten ingresar recursos. Pero otras actividades como los programas radiales, la presencia en colegios y ferias, las visitas para lecturas, como pudo ser el pasado 23 abril con motivo del Día Internacional del Libro, se han visto seriamente dañadas con la consiguiente pérdida de recursos económicos.

IL: Muchos novelistas o cuentistas ya están dedicando su pluma a la pandemia, algo que no es una novedad en la historia. ¿Cuáles son los temas que a tu parecer van a inspirar a los escritores y artistas en general?

JC: Las grandes pestes y epidemias de la Edad Media golpearon el mundo del absolutismo, sacudieron en sus cimientos el poder de los Reyes y la nobleza y atacaron las bases de la Inquisición religiosa que mandaba no investigar ni explorar nada, y respetar el orden existente porque eso era voluntad divina. Aquello era natural ya que todo poder aspira a preservarse. Y hoy, en los discursos diarios podemos apreciar la feroz lucha política que se desata detrás de cada medida que se adopta. A ratos da la impresión de que es mucho más importante mantener el orden existente que derrotar la pandemia. También hoy podemos apreciar que muchísima gente –gracias a los avances tecnológicos– puede trabajar desde sus hogares ganando tiempo, energía y optimizando su productividad. Quizá ahí se está señalando un camino: la tecnología al servicio de las necesidades humanas. El mensaje es nítido: el ser humano es el protagonista.

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