Diálogo Abierto

dialogo abierto2Iniciativa Laicista dialoga esta semana con FERNANDA THOMPSON, funcionaria de la Municipalidad de La Pintana. Entrevista de Gabriel Palma Garrido.

FERNANDA THOMPSONSi usted recibió la caja de mercadería prometida por el Gobierno es porque el Ejecutivo desconfía de sus capacidades para administrar su dinero. Suena chocante, ¿no? Pues esta es la realidad que viven cientos de ciudadanos de las comunas más pobres del país (o con menos recursos, si se quiere decir así). Entran en esta categoría las comunas del sector sur de Santiago y una de ellas es La Pintana.

Quien lo plantea así es Fernanda Thompson, estudiante de Derecho de la Universidad de Los Andes, funcionaria del Departamento del Adulto Mayor de la Municipalidad de La Pintana y vecina de la comuna. Ha querido, generosamente, acceder a dialogar con nosotros.

 

IL.- ¿Cómo se ha desarrollado la pandemia en la comuna de La Pintana?

FT.- Me gustaría partir con lo siguiente: si marcamos como hito lo ocurrido desde el 18 de octubre, La Pintana ya era una comuna muy pobre y con el estallido se empobreció mucho más. Y con la pandemia quedamos totalmente knock out. La pandemia sacó a relucir todo lo que otras personas de la comuna y yo habíamos tratado de visibilizar. Temas como el hacinamiento, aunque algunos dijeran que no era real, hoy es un hecho palpable, que no es posible esconder. La gente no tiene cómo hacer una cuarentena en sus casas; si la gente se contagia, no tiene cómo estar aislada de su familia. En muchos casos duermen tres personas en una cama, o viven en departamentos de 30 m2, o incluso menos. Las deficiencias en el sistema de salud es un tema que las personas llevan años y años reclamando, y con este contexto se ha hecho latente también. Hoy, las desigualdades de las que tanto se habla están saliendo a la luz y nadie puede venir a decir que eso no existe. De repente algunos dicen que la gente reclama por reclamar. No, la gente reclama porque llevan años arrastrando este tipo de vida, y con la pandemia se volvió aún más grave.

Por otro lado, tenemos el desarrollo de la vida en comunidad como una alternativa de subsistencia (mi vecino es mi mejor aliado). Por mucho tiempo se dijo que se había perdido la vida de barrio, pero lo primero que surgió ante el desempleo y la falta de recursos económicos fueron las ollas comunes. La pandemia ha mostrado el lado más terrible, y la olla común tiene un componente dentro de ese lado terrible, precisamente referido al desempleo y la pobreza, muchas veces extrema. Pero, en contraparte, tiene esa cara más amable que es la organización de las personas, de las juntas de vecinos, organizaciones espontáneas cocinan para todo su entorno. Entonces, pese a todo lo malo existe esta red de contención en donde los vecinos se apoyan los unos a los otros.la pintana

IL.- Usted menciona el tema de las desigualdades y cómo se han visto agudizadas desde los hechos ocurridos desde el 18 de octubre. ¿Cómo se ven las posibilidades de reanudar estas manifestaciones una vez superada la crisis sanitaria?

FT.- Es un tema complejo porque creo que la gente, superando la pandemia y después de todo este debilitamiento económico, va a priorizar la vuelta al trabajo. El ciudadano que subsiste por su sueldo va a tener que volver a trabajar. Probablemente quienes reactiven el movimiento sean, nuevamente, los estudiantes porque la fuerza trabajadora se verá obligada a volver a sus labores para poder llevar el sustento a sus casas. Creo que se darán estos dos frentes: por un lado, los estudiantes que últimamente han sido pioneros en darle vida a los movimientos sociales y, por otro lado, estará el grupo trabajador que necesita de su trabajo para poder vivir. ¡Pero ojo! El descontento va a seguir igual y probablemente sea aún mayor, porque vemos que en esta situación de pandemia, el Estado no ha tomado las mejores decisiones para que la gente pueda vivir una cuarentena como se debe. Se agradecen los esfuerzos, pero creo que no es lo suficiente como para decirle a las personas que se queden en sus casas y no salgan.

IL.- Una de esas decisiones que ha tomado el gobierno fue la entrega de mercaderías. ¿Esta acción sigue siendo exclusiva del Ejecutivo o la Municipalidad de La Pintana ha hecho lo propio para ayudar en la entrega, o bien ofreciendo alguna alternativa?

FT.- La Municipalidad de La Pintana ya estaba haciendo entrega de mercaderías a adultos mayores mucho antes que al Presidente se le ocurriera anunciar la entrega de cajas por cadena nacional. Además, los departamentos sociales de la Municipalidad también estaban entregando mercadería, no a la misma escala que lo hace el gobierno, pero se hacían todos los esfuerzos. Hay que considerar además que los municipios, en general, han implementado esta medida por mucho tiempo, durante años; la gente va a los departamentos sociales porque necesitan cajas de mercadería, a los adultos mayores también se le entregan cajas a fin de año.

Con esto surgen situaciones que me generan dolor también, porque uno se puede dar cuenta de que el sistema gubernamental que tenemos como la ficha de protección social es bien extraña porque, por ejemplo, la persona que pertenece al 60% más vulnerable puede optar a beneficios, pero el que está en el 61% ya no califica para algún beneficio, como si esa gente no fuera pobre, como si esa gente no tuviera necesidades.

Existe mucha desinformación en la gente también. Yo doy el ejemplo de mi mamá porque es el más cercano que tengo. Ella nunca ha llenado su ficha de protección social porque no tiene tiempo, tendría que pedir permiso en el trabajo para eso. Y esto le pasa a mucha gente. La gente es como una máquina que si no trabaja no come. Esos beneficios están hechos para estas personas, pero no tienen cómo acceder a ellos. Por eso digo que los gobiernos no han tomado medidas mejores para la gente que lo necesita.

Volviendo al tema de las cajas de mercadería como medida del gobierno, yo creo que no era la mejor opción. Habla de tratar a la gente como si fuera inútil, tratarla como si no fueran capaces de destinar los recursos de buena manera para lo que realmente necesitan, porque quizás no necesitan todas esas cosas que vienen en las cajas. Creo que el tema de la caja de mercadería es decirle a la gente: “le entregaré esto porque usted no va a ser capaz de hacer algo productivo con tanta plata” o “no sé lo que va a hacer usted con la plata”, y es recurrir al asistencialismo, como cada vez que ocurre alguna catástrofe.

IL.- Entonces, ¿usted considera que, desde el gobierno, existe una especie de desconfianza hacia el ciudadano vulnerable?

FT.- Exactamente, pero si volvemos atrás se repite lo mismo. Se ha venido tratando a la gente sistemáticamente de esa forma. Es considerar a la persona como un incapaz, es decir: “usted no va a ser capaz de destinar de buena manera los recursos que yo podría, eventualmente, entregarle”. No nos estamos dando cuenta de que, precisamente, la gente que menos tiene es la que mejor sabe cómo hacer rendir su plata. Es la persona que sabe en qué puesto (de la feria) le venden más barato el detergente, los tallarines, o qué marca le conviene más; sabe cómo redistribuir la plata todos los días para que le alcance para llegar a fin de mes. Entonces, uno se pregunta: ¿el incapaz es el gobierno por tomar este tipo de medidas, o la gente? Queda esa pregunta en el aire. Yo creo que las personas más humildes son las que mejor saben cómo administrar su plata porque llega a fin de mes con lo poco y nada que gana.

IL.- ¿En qué condiciones se encuentran los adultos mayores de la comuna? ¿Cuáles son los principales problemas que los afectan?

FT.- He estado haciendo teleasistencia durante un mes y tuve harto contacto con adultos mayores porque los he estado llamando por teléfono. Ciertamente, tienen una necesidad económica muy grande, pero también se está reflejando una necesidad de acompañamiento, de sentirse escuchados. Recuerdo perfectamente que una persona me dijo: “no importa no recibir nada, pero usted me escuchó y yo con eso estoy feliz”. Era una persona que tenía cáncer, que estaba encerrada en su casa hacía más de un mes, y la señora solo quería que la escucharan porque estaba sola. El adulto mayor tiene problemas no solo en la comuna de La Pintana, pero al ser una comuna con menos recursos aquí se nota más.

En primer lugar, tenemos los problemas económicos. Las pensiones son miserables, algunas personas con el pilar solidario no pueden comprar nada. En segundo lugar, está el abandono de las familias de los adultos mayores. Me produce mucha tristeza cuando el mismo entorno del adulto mayor lo deja solo y, producto de eso, el anciano empieza a sentir miedo, y en una situación como esta es peor. Los adultos mayores también le tienen miedo a la muerte y nos hemos dado cuenta que morir en esta pandemia es muy triste porque te mueres solo. La persona ya estaba aislada en su casa porque podía contagiar a su familia y se va sola al cementerio porque nadie la puede acompañar, porque su familia está también contagiada o por el riesgo que existe de contagiarse en actividades como esta.

Esto afecta a la salud mental de los adultos mayores. Y no solo a ellos. La salud mental de las personas es un punto muy frágil. Uno cree que el tema de la salud mental es cuestión de locos, y no lo es. A cualquiera le puede pasar. Pero en los adultos mayores es más triste porque las actividades que hacía antes del confinamiento eran sus vías de escape a su jubilación miserable, y ya no las puede hacer. La palabra jubilación viene de júbilo, y esto es todo menos eso. Uno se jubila para tener años felices, para que la tercera edad sea una etapa plena, para estar tranquilo porque uno trabajó toda la vida y lamentablemente en Chile no es así, esa es la realidad.

IL.- Finalmente, ¿considera que la pandemia ha logrado unificar los esfuerzos de los sectores políticos, o aún se aprecia la idea de ir trabajando cada uno en sus propios intereses?

FT.- Nosotros prendemos la televisión y vemos que los sectores políticos están súper polarizados, podemos ver que no existe un afán de unificar los criterios. En general, los alcaldes estás preocupados de las personas de su comuna y de buscar opciones para ayudarlos a superar la epidemia. Por ejemplo, la alcaldesa Claudia Pizarro instauró un sistema de cuadrículas en la comuna de La Pintana, el Alcalde de La Florida propuso una iniciativa para que los transportistas colaboraran en el traslado de pacientes con COVID. Creo que las cabezas de los municipios están preocupadas, pero por fuera hay sectores externos que hacen campañas independientes, que buscan ganar reconocimiento, notoriedad, etc. Siento que esto mismo ocurre en la Gran Política. Siento que algunos no están realmente dispuestos a preocuparse de las personas, sino que están preocupados de la campaña que viene el próximo año, de presentarse políticamente. Por ejemplo, la ministra Karla Rubilar apareció con un candidato a concejal repartiendo mascarillas, y eso no ocurre solamente en la televisión, sino que también con algunas personas en específico en La Pintana, y debe pasar en otros municipios también. Estas personas no piensan en cómo sufre la gente, sino que piensan en cómo sacar provecho a las circunstancias para ganar apoyo político. Después la gente se disgusta y protesta por culpa de individuos como ellos. Mientras los alcaldes se “sacan la mugre”, hay algunos que solo quieren figurar.

Y si pensamos que tuvimos un ministro que dijo no tener idea de las desigualdades que existían en nuestro país, nos damos cuenta de que en el gobierno hay quienes están completamente ajenos a la realidad que vivimos. Cuando vemos que los alcaldes sugieren a las autoridades gubernamentales la suspensión de clases, cuarentenas efectivas y seguras, y después vemos que el gobierno planea pasar por el Tribunal Constitucional una iniciativa para prohibir el corte de suministros básicos, queda claro que en el gobierno hay gente  completamente ajena a la realidad chilena.

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