Diálogo Abierto

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MesinaEn Diálogo Abierto de esta semana, conversamos con MARCELA MESINA RUBINSTEIN, psicóloga de la Unidad de Infectología del Hospital Roberto del Río, y con el doctor ALEJANDRO VELÁSQUEZ DÍAZ, médico pediatra–infectólogo de la Unidad de Infectología del mismo centro de salud.  Ambos nos entregan un enfoque amplio e instructivo de la tensión mental que viven médicos, pacientes y la gente común en estas condiciones críticas que nos envuelven y nos entregan algunas claves para superarla.

Entrevista de Gabriel Palma Garrido

 

IL.-¿Cómo está la situación en el Hospital Roberto del Río? ¿Reciben muchos menores contagiados de Coronavirus?

AV.-  Actualmente solo hay tres hospitales pediátricos en Santiago recibiendo niños enfermos, ya que las otras áreas pediátricas de otros hospitales han sido reconvertidas. Eso genera que el número de pacientes hospitalizados de áreas no propias del Hospital aumenten y, secundariamente, el número total de pacientes. Además, se ha visto un número mayor de casos más complejos en nuestro hospital en comparación a los otros.

IL.- ¿Hay atisbos de mayor estrés o tensión psicológica en los médicos frente a tantos pacientes contagiados que deben atender, con riesgos de su propia salud? ¿Cómo los médicos soportan la tensión y el nerviosismo que su labor acarrea?

AV.- El estrés en situación de pandemia claramente está, pero se intenta mantener al margen por el bien mayor de los pacientes. El manejo de esto es, en gran medida, de parte personal e individual, pero las instituciones intentan disminuir la ansiedad generando protocolos de acción, estrategias de teletrabajo, disminución de aglomeración de personas, entre otras. Sin embargo, el mayor estrés se genera porque, como no conocemos en forma integral el virus y su comportamiento, cada uno de los pacientes son un desafío y son evaluados como individualidad con equipos multidisciplinarios que buscan las mejores acciones terapéuticas según el conocimiento que se obtiene día a día de la enfermedad. Por lo tanto, el mayor estrés no es por nuestra propia salud, sino que más bien por la salud de nuestros pacientes.

IL¿Se ha descuidado la atención a niños con VIH/SIDA u otras enfermedades a la base por atender a los contagiados de la pandemia?

MM.- Desde que comenzó la pandemia en el mes de marzo, los profesionales del CAE (Centro de Atención Ambulatoria) del Hospital Roberto del Río organizaron las agendas de manera tal, de cubrir los requerimientos de los pacientes crónicos. Es así como en Farmacia se dispuso un servicio de entrega de medicamentos a domicilio, con el fin de resguardar la salud de los enfermos y evitar sus traslados al hospital. Se hacen todos los esfuerzos, e incluso se han realizado alianzas con el Hospital San José, para asistirlos con la entrega de sus medicamentos cuando los domicilios quedan fuera del área norte.

En las consultas solo se atienden aquellos pacientes que presenten algún evento que requiera ser visto. Ejemplo: los recién nacidos que están en protocolo de transmisión vertical que, para evitar el contagio del VIH/SIDA, son controlados y supervisados por los infectólogos pediátricos, mes a mes, hasta descartar la presencia del virus.

IL.- ¿Cómo ve usted, como psicóloga, el asunto de los trastornos mentales por el confinamiento?

MM.- Los problemas más frecuentes que hemos detectado, y que también han sido reportados por las investigaciones que se están llevando a cabo, producto del confinamiento por pandemia, son: depresión, estrés, alteraciones del sueño (insomnio) y ansiedad. Frente a estos, lo recomendable es tomar medidas para prevenir su ocurrencia. De ahí la importancia de tener acceso a servicios de atención para una adecuada salud mental.

En estos momentos las y los profesionales de las unidades del Hospital Roberto del Río que cuentan con apoyo psicológico, estamos combinando el teletrabajo con atención presencial. Afortunadamente, el acceso de la población a celulares nos ha facilitado mantener el contacto y estar atentas(os) a los síntomas que sugieren la posible ocurrencia de los trastornos antes referidos y tratarlos a tiempo.

VelasquezIL.- ¿Qué recomienda para mitigar el temor y la ansiedad en estas circunstancias?

MM.- Lo primero que hay que considerar es que esta situación marca un absoluto cambio en nuestras vidas. El mundo entero cambió de un día para otro, todas las rutinas diarias se vieron trastocadas, la frase “quédate en casa” se popularizó y se compartió en distintos idiomas.

Se llamó a que los ciudadanos guardasen cuarentena para evitar el contagio, trasladando al espacio del hogar todas las actividades. Este pasó a ser un lugar de trabajo, de estudio, de atención, de producción, entre otros.

El espacio destinado a descansar y compartir con la familia después de un día laboral o de estudio, ahora es el espacio donde se despliega toda la vida. Se puede controlar el contagio porque afuera vive una amenaza que puede causar la muerte, el virus COVID 19.

Frente a las circunstancias descritas, las recomendaciones para mitigar el temor y la ansiedad, son:

  • Evitar aislarse socialmente, o sea mantener las redes, los vínculos con familiares, amigos y otros.
  • Realizar ejercicios de respiración profunda, tomar aire en cinco tiempos, mantener en cinco y exhalar en cinco y/o realizar meditación. Envía a nuestro cerebro el mensaje de que se está seguro.
  • Controlar la cantidad y calidad de las fuentes de información. Genera la sensación de control y se puede digerir la información de manera soportable. En caso de que existan niños en la casa, es importante que sus cuidadores les expliquen las noticias, porque estas están pensadas y comunicadas para público adulto.
  • Evitar el uso de estimulantes que alivian a corto plazo la inundación de sentimientos (como alcohol, cigarrillos o drogas ilícitas) porque calman momentáneamente, pero tarde o temprano afloran ocasionando patologías, como por ejemplo la depresión. Es sano reconocer y tener control sobre los sentimientos.
  • Mantener y respetar los horarios de comida y de descanso. Apagar los aparatos electrónicos una hora antes de ir a dormir en caso de niños y adolescentes.
  • Ejercitar físicamente, aunque el espacio sea pequeño. Siente y mantiene tu cuerpo activo.
  • Realizar un plan para cada día: ¿Qué hago?, ¿cuándo lo hago?, ¿y para qué lo hago? Crear una experiencia donde se tiene el control, porque afuera el mundo es imprevisible, da un propósito y entrega sentido de autoeficacia.
  • Permitir que los niños y adolescentes expresen sus emociones y validarlas. Por ejemplo: “yo a tu edad sentía lo mismo, si me hubiese pasado a mí algo como lo que estás viviendo a tu edad yo habría sentido miedo, me sentiría confundido”, etc.
  • El juego tiene un rol importante porque estimula la creatividad y flexibilidad.
  • Modelar desde el mundo adulto cómo enfrentar la pandemia para aumentar la capacidad de afrontamiento psicológico en niños y adolescentes.
  • Ayudar a otros, actuar cooperativamente, evitar enfocarse en uno mismo, entenderse como un “nosotros”. Si no puede aportar en dinero, puede dar tiempo, siempre hay algo que dar, todos somos valiosos. Así lograremos salir de esto.

Finalmente, si es que se siente sobrepasado buscar ayuda en atención en salud mental.

IL.- ¿Qué puede decir del conflicto ético de la “última cama” o a qué paciente atender si se cuenta solo con recursos para uno y hay más de uno en estado crítico?

MM.- La medicina en nuestro país debe administrar recursos que son escasos. Los criterios para asignarlos deben ser estrictos porque en un caso crítico como el que se plantea en la pregunta, existe también la posibilidad del traslado a otras regiones. Por ello la tarea de los médicos es tomar decisiones con juicio clínico y transparencia. Lo importante es que se garantice que toda persona, independiente de su edad, condición económica, género o etnia, reciba un trato igualitario y sea respetado.

La pregunta que los médicos permanentemente se hacen es: ¿cómo administrar recursos escasos de manera justa y equitativa?

La bioética entrega pautas para la deliberación frente dilemas éticos como el de la “última cama”. En este caso, se debe determinar quién tiene la probabilidad de mejorar en el menor tiempo posible con los recursos que se disponen. Dejar de hacer cuando ya no se puede curar a un paciente, y entregarle calidad de vida en sus últimos días, siempre avalados por la indicación clínica. No habrá una solución ética perfecta, pero sí se pueden conciliar recomendaciones ético-médicas aceptables, sensibles ante la urgencia de maximizar la salud de la población.

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