Columna de Opinión

Grandes y poderosos

Gonzalo Herrera

Grandes y poderosos. Unos y otros han estado en el primer plano de las noticias durante las últimas semanas, desde que estallaran los primeros focos del incendio que hasta ahora ha cobrado 11 vidas y consumido alrededor de cuatrocientas mil hectáreas de bosques y plantaciones, destruyendo poblados enteros, postas y escuelas rurales.

En medio de la tensión provocada por las dantescas imágenes del fuego que durante varias jornadas   se ha tornado incontrolable, y lo que parecía la total incapacidad de los recursos del país para enfrentar con efectividad la catástrofe, destacó la actuación de dos figuras de la élite nacional. La primera, una chilena radicada en EE. UU., que puso a disposición un recurso tecnológico sin costo para el Estado (el Supertanker Boeing 747-400 con capacidad de descarga de agua o espuma cercana a los 73.000 litros) que a la postre ha resultado decisivo en el control, parcial o total, de algunos de estos incendios.  

La segunda, Hernán Rodríguez, gerente general de CMPC, empresa del grupo Matte (uno de los dos holdings más favorecidos con el decreto 701 de 1974, que entrega subsidios estatales y beneficios tributarios a las plantaciones de árboles exóticos, principal combustible en estos siniestros), que anunció haber llegado a un acuerdo con el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) y asociaciones de consumidores para pagar un monto total aproximado a 150 millones de dólares, unos 97.647 mil millones de pesos, como compensación a  los usuarios de la industria del papel higiénico, por la escandalosa colusión mantenida durante casi once años con su competencia SCA, a fin de establecer sobreprecios y controlar cuotas de mercados.

En el primer caso, la señora Lucy Avilés hizo una contribución enorme ante las gigantescas dimensiones que alcanzaban los siniestros antes de la llegada del Boeing a Chile, dejando al desnudo la falta de material de apoyo idóneo y carencias de conocimiento y liderazgo en funcionarios con altas responsabilidades en la protección de la población ante desastres naturales, como los que desde hace un tiempo venimos experimentando a causa del cambio climático.

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Columna de Opinión

El recreo debe terminar pronto

Sylvie R. Moulin

La verdad, debo quitarme el sombrero, porque lo que está pasando no tiene precedentes en la historia. Después de llegar a la Casa Blanca como el presidente más impopular, Donald Trump logró, en una semana en el oficio, poner millones de manifestantes en las calles y levantar protestas y marchas de solidaridad no solamente en su propio país sino en el mundo entero. Con un par de discursos insultantes, unas decisiones desvergonzadas y unas firmas intempestivas, juntó en un par de días más enemigos que todos sus predecesores. ¡Incluso Georges Bush Jr. le tiene envidia!

Pero en realidad, el tema no es de broma, y lo que vivimos en este momento – digo “vivimos” porque sería bien ingenuo y narcisista decir que esto no nos concierne – puede tener consecuencias irremediables. Por el lado positivo, su última metida de pata puede ser también la primera firma de su condena a muerte: se trata del decreto anti-inmigración impidiendo la entrada durante 90 días de nacionales de 7 países, en su mayor parte musulmanes – Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen -, y suspendiendo el programa de acogida a refugiados durante por lo menos 120 días. Esta decisión, que  viola plena y sencillamente una ley del año 1965 prohibiendo la discriminación basada en el origen nacional, produjo obviamente clamores de protestas en EEUU y en el mundo, y está alimentando ahora las portadas y los programas de noticias. 

Sin embargo, no debería ser sorpresa para nadie, ya que durante toda su campaña, Trump anunció incansablemente esta última medida sobre la inmigración musulmana, provocando indignación de unos y aplausos de otros. Pero parece que no lo tomamos en serio en aquel entonces, y de nuevo uso la primera persona plural porque me incluyo en los que, primero, pensaron que ese desequilibrado nunca iba a salir ganador, y segundo, que en el peor de los casos – su elección –, no iba a cumplir con amenazas que iban en contra de todos los conceptos democráticos, humanitarios y sensatos.

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Sapere Aude  -  Rogelio Rodríguez

La máquina de ilusiones

 

Le debo a Oliver Sacks el gozo de unas lecturas amenas y sumamente instructivas.   Llegué a las obras de este neurólogo y ensayista británico  después de leer una nota en la prensa sobre su fallecimiento (murió en agosto de 2015, víctima de un cáncer) en la que se citaban frases de un último artículo suyo escrito en un periódico. Allí decía que tenía temor, pero que se iba de esta vida con un sentimiento mayor: el de la gratitud por todas las experiencias vividas en este hermoso planeta. El solo hecho de existir como un animal pensante era, para él, un privilegio y una aventura.

Un conjunto de libros muy interesantes y entretenidos de divulgación científica muestra el fruto de su acuciante y apasionado empeño por desentrañar los misterios de la mente humana.  Sacks propone denominar “neurología de la identidad” a sus investigaciones, pues están centradas en aquellos trastornos cerebrales que afectan fundamentalmente al yo de los pacientes. 

Todavía hay muchos aspectos de la vasta complejidad del cerebro humano que están ocultos a la indagación científica.  Pero, asimismo, hay ya muchas cosas que se saben y Sacks las enseña en sus escritos con claro y grato estilo, sin que ello reste profundidad a su reflexión.

Del estudio y tratamiento de sus pacientes han surgido títulos como Un antropólogo en Marte, Despertares (se filmó una película basada en este libro), Con una sola pierna, Veo una voz, Alucinaciones, Viaje a Oaxaca y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Las traducciones al español de estas obras se han editado todas en Anagrama.

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Columna de Opinión

¿Habrá nueva Constitución?

Gonzalo Herrera

El senador Guillier se mostró partidario de que el anunciado proyecto de reforma de la Constitución sea endosado al gobierno venidero, en caso de no “madurar” un acuerdo al respecto. No se pronunció sin embargo respecto a cuánta decisión pondría en esta materia, en caso que llegara a encabezar el próximo gobierno.

El riesgo, sin embargo, es que no existen garantías de que la próxima administración mantenga la decisión de redactar una nueva Carta Fundamental o, al menos, de introducir cambios sustantivos a la actual, inclusive si el nuevo presidente fuera de la Nueva Mayoría.

Lamentablemente, ambos conglomerados políticos, con el mismo bajo respaldo que el gobierno, lejos de hacerse cargo de la crisis de credibilidad que afecta a todos los que cumplen funciones de representación popular, están por ahora dedicados a barajar candidaturas, que les abran posibilidades a algunos de mantenerse en el poder, o de recuperarlo a los otros. Toda la energía se concentra en elaborar estrategias, si vamos a primarias o derechamente con un candidato a primera vuelta, y nada de debate en torno a ideas que permitan vislumbrar una salida a los graves problemas que afectan al país, ni menos un intento serio por llevar esas consideraciones a la deliberación pública. Los escándalos de las grandes empresas, el involucramiento de parlamentarios en acusaciones de cohecho, la constatación a diario de privilegios que favorecen a la élite y sus cercanos, son temas que no existen para los políticos, provocando más rechazo que adhesión a los partidos y sus eventuales candidaturas, incubando en amplios segmentos posturas “anti”, que serán luego pasto propicio para aventuras populistas.

¿Cómo se puede evadir, con tanta liviandad, de cara a un proceso eleccionario tan decisivo, un debate sobre la responsabilidad que le cabe a un presidente, a un parlamentario, a un futuro gobernador regional o a un alcalde, en consonancia con una república democrática, como lo establece el artículo 4° de la actual Constitución? Porque está claro que el país ya no podría seguir soportando el financiamiento ilegal de la política, la corrupción en la extensa interfaz negocios-confección de leyes, el raquitismo de los sistemas de control del Estado, la oculta y preocupante venalidad en muchos municipios, o la falta de coraje para endurecer las penas contra la corrupción. Que son hoy, en este momento, parte de las grandes demandas ciudadanas. Y que justamente podrían enfrentarse de manera integral a través de una amplia y participativa discusión en torno a una nueva Constitución.

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