Defender el estado Laico en México

Yadira Hidalgo González

e-veracruz.mx 07/08/17

México es estado laico desde 1860, lo que quiere decir que en este país debe existir una clara separación entre la iglesia y el estado, sin que esta separación les convierta en antagónicos o enemigos. En teoría ni el poder público debe someterse a la religión, ni el poder religioso debe intentar jugar el papel del gobierno. En un estado laico, las leyes civiles valen igual para todas las personas, sin que importen las creencias o el rol que desempeñe cada persona en una organización eclesiástica. 

Ninguna entidad religiosa debe de ser privilegiada sobre las demás y ninguna debe discriminarse. Se respeta la pluralidad de creencias religiosas y al mismo tiempo, se respeta a la población agnóstica o atea. Idealmente, así es como debería funcionar el estado laico.

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Orígenes del Estado Laico

Victor Moreno

nuevatribuna.es (03/08/17) – fragmento

Es muy habitual decir que el laicismo tuvo su origen en la Revolución Francesa. Desde hace mucho tiempo, también hoy, el término se asocia con anticlericalismo y a sus partidarios se los califica como ateos, irreligiosos y antirreligiosos. En definitiva, se sostendrá que el huevo del laicismo lo incubó la Ilustración y fueron las revoluciones liberales, es decir, burguesas y nacionalistas, quienes rompieron su cascarón.

Decir que el laicismo es fruta podrida del XIX, gracias al elitismo del nacionalista burgués, suele ser habitual en los predios confesionales.

La finalidad de este planteamiento sigue siendo la misma: desprestigiar el concepto ab ovo y establecer que nada de lo que de él se deriva es bueno para la convivencia.

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La ciencia es mas necesaria que nunca

Antonio Ruiz de Elvira

elmundo.es (31/07/17) - fragmento

Es lo contrario de la mística, del dogmatismo, de seguir al líder. Es la libertad. Muchas personas se horrorizan ante la libertad. Prefieren, antes de elegir, que les digan lo que tienen que hacer. La libertad exige esfuerzo, aunque no sea más que en el supermercado. Hay una novela de Vicente Blasco Ibáñez, La araña negra, que retrata cómo los curas convencían a las viudas ricas para que donasen sus riquezas para asilos, hospicios, guarderías, etc. sin que aquellas tuviesen voluntad propia, aceptando lo que les decían.

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Tomás en el Congreso

 

 Rogelio Rodríguez                                                                            

Aunque hace más de un año y medio que nos dejó, Umberto Eco no termina de sorprendernos.  Llega póstumamente a nuestras librerías el volumen I de un extenso estudio sobre la Edad Media del que fue coordinador.  Este primer tomo lleva por subtítulo Bárbaros, cristianos y musulmanes y está conformado por 865 páginas divididas en seis áreas de investigación sobre ese periodo de diez siglos que va desde la caída y desaparición del Imperior Romano hasta el nacimiento de lo que hoy conocemos como Europa, con sus países, los idiomas que todavía hablamos y las instituciones que, a pesar de las posteriores revoluciones, aún son las nuestras:  historia, filosofía, ciencia y tecnología, literatura y teatro, artes visuales y música.

Eco escribe las primeras cuarenta y tantas páginas de esta obra voluminosa: la Introducción a la Edad Media.  Aclara, en primer lugar, lo que la Edad Media no es.  En segundo lugar, repasa los aportes del Medioevo que aún podemos considerar vigentes. Y precisa, en tercer lugar, en qué sentido este periodo histórico representó algo totalmente diferente a lo que vivimos hoy.

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