Ser o no ser el Canal de todos los chilenos

Rodrigo Reyes Samgermani

Pareciera no haber voluntad en la clase política respecto a la necesidad de fortalecer nuestra televisión pública, aún más, quizás algunos ni siquiera creen que la existencia de una señal estatal fuera necesaria, sea útil a esta altura de la historia del país.

Quizás la falta de consenso al respecto provenga de la mismas autoridades de TVN que en los últimos años han tomado decisiones alejadas del espíritu fundacional de la televisora  pública, cual es integrar al país y sus regiones en una plaza electrónica inclusiva que reúna la identidad de nuestro ideario republicano y destino nacional, que refleje los valores propios y la diversidad en forma entretenida y sobre todo creativa e innovadora.

Tampoco hemos sabido sopesar que desde 1990 a la fecha, el mundo ha cambiado lo suficiente como para comprender que los propios medios tengan que adaptarse a nuevas realidades tecnológicas, la evolución de la industria mediática y de las preferencias de las audiencias. Los grandes monstruos televisivos de antes ya no serían necesarios, la torta publicitaria de la televisión se ha achicado, se han distribuido más equitativamente las audiencias, las ofertas programáticas han tendido a igualarse y los canales han repetido una y otra vez fórmulas aparentemente exitosas que a la larga han terminado aburriendo a las audiencias.

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Estado Laico y Aborto en Bolivia

Rafael Puente

http://www.paginasiete.bo (13/10/17)

Anteayer (y a propósito de que la Asamblea Legislativa de Bolivia había aprobado el artículo 153 del nuevo Código Penal) pudimos ver la noticia de que la Iglesia Católica "no negociará” el tema del aborto y que, cueste lo que cueste, incluida la posibilidad de que se lleguen a cerrar los centros de salud de la misma Iglesia, ella seguirá defendiendo "los principios de la vida”.

Dicha declaración merece dos comentarios:

El primero es que la Iglesia no tiene nada que "negociar” con el Órgano Legislativo. Los pastores de la Iglesia Católica y los de las múltiples iglesias evangélicas que existen en nuestro país tienen que tomar nota  que este Estado Plurinacional es laico, no es confesional y, por tanto, no tiene nada que "negociar” con instancias confesionales, por muy respetables que sean. Por supuesto, las diferentes iglesias tienen todo el derecho de opinar, de pronunciarse, de quejarse y de pedir, pero hasta ahí nomás.  

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Laicismo amenazado.

Andrew Copson

blog.oup.com 28/09/17 (fragmento)

De Turquía a Estados Unidos, India a Rusia, a partes de Europa y Oriente Medio, el secularismo está siendo atacado por todos lados: desde la izquierda, desde la derecha, por multiculturalistas liberales y totalitaristas liberales; abusado ​​por los racistas y xenófobos para derrotar a las minorías en diversas sociedades; subvertido por los fundamentalistas religiosos que planean su destrucción.

Pero quizás el mayor enemigo del laicismo hoy en día es la ignorancia. Aunque el secularismo ha tenido una importancia fundamental en la conformación del mundo moderno, no es un concepto tan conocido como el capitalismo, el bienestar social o la democracia. Usted no lo encontrará comúnmente estudiado en las escuelas o incluso en las universidades. En estos días, cuando todos los supuestos implícitos de la modernidad están bajo tensión, esta es una situación peligrosa. Los debates razonables sobre el laicismo, sobre la base de una comprensión compartida del mismo, de su significado y de su procedencia, son escasos.

El laicismo es la idea de que las instituciones estatales deben estar separadas de las religiosas, de que la libertad de creencias, pensamientos y prácticas debe ser un derecho automático para todos (a menos que interfiera con los derechos de los demás) y que el Estado no debe discriminar a las personas por su cosmovisión religiosa o no religiosa.

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 Colombia recibe a Dawkins

 

Vengo llegando de Bogotá, donde estuve una decena de días aprovechando las vacaciones universitarias de Fiestas Patrias.  Es una ciudad enorme  –cobijo de más de 9 millones de habitantes–  y llena de interesantes espacios culturales que visitar: museos, parques, santuarios, barrios históricos, teatros, centros de arte y cultura, librerías…

No hay metro en Bogotá.  El transporte consiste en buses tipo Transantiago  –allá se denomina Transmilenio y, por cierto, funciona mucho mejor que acá–  y en taxis, el valor de cuyas carreras nos resulta a los chilenos baratísimo.  Uber está entrando, también, a pasos acelerados.

Diez días, por tanto, sin andar en metro.  Sin padecer las fastidiosas aglomeraciones de personas y, sobre todo, sin padecer el asedio de insufribles vendedores de productos de todas layas, de cantores que pretenden hacer arte musical con su bullicio y de raperos e hiphoperos que importunan sin respeto ni gracia con sus rimas desabridas, toda una panda de sujetos que han convertido los carros en verdaderas ferias de las pulgas.

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