Colombia recibe a Dawkins

 

Vengo llegando de Bogotá, donde estuve una decena de días aprovechando las vacaciones universitarias de Fiestas Patrias.  Es una ciudad enorme  –cobijo de más de 9 millones de habitantes–  y llena de interesantes espacios culturales que visitar: museos, parques, santuarios, barrios históricos, teatros, centros de arte y cultura, librerías…

No hay metro en Bogotá.  El transporte consiste en buses tipo Transantiago  –allá se denomina Transmilenio y, por cierto, funciona mucho mejor que acá–  y en taxis, el valor de cuyas carreras nos resulta a los chilenos baratísimo.  Uber está entrando, también, a pasos acelerados.

Diez días, por tanto, sin andar en metro.  Sin padecer las fastidiosas aglomeraciones de personas y, sobre todo, sin padecer el asedio de insufribles vendedores de productos de todas layas, de cantores que pretenden hacer arte musical con su bullicio y de raperos e hiphoperos que importunan sin respeto ni gracia con sus rimas desabridas, toda una panda de sujetos que han convertido los carros en verdaderas ferias de las pulgas.

En Bogotá  –me informan–  el 90% de la población adhiere fervorosamente a algún credo religioso.  El 85% al catolicismo; el porcentaje restante a credos evangélicos, siendo el culto pentecostal el que se lleva las palmas.  Es tal la devoción religiosa que hasta han convertido una antigua mina de sal ubicada en las afueras de la ciudad en una catedral, cuya visita es un paseo turístico imperdible..

Sin embargo, me llevo una sorpresa:  encuentro en una de las principales librerías grandes afiches que anuncian la visita, en diciembre, de Richard Dawkins, el biólogo inglés reputado como el más férreo defensor de la teoría darwinista de la evolución y ateo militante.

Hay agendados tres conversatorios: el primero en Bogotá y los dos restantes en Medellín y Cartagena.  El tema del debate: “¿Es Dios una ilusión?”.  Su rival en el debate será el teólogo jesuita colombiano Gerardo Remolina, ex rector de la Pontificia Universidad Javeriana, catedrático de Filosofía de la Religión y miembro del Consejo Superior de la Universidad Nacional.

Las instituciones que organizan este evento son Marketing for Science and Research la Embajada Británica… ¡y la Pontificia Universidad Javeriana! Precisamente, la visita del etólogo inglés coincide con los 80 años de la fundación de la Facultad de Teología de esta Universidad.

Como es de esperar también,  los libros de Dawkins han llegado profusamente a las librerías de Bogotá:  se destacan títulos como “El gen egoísta”, “El fenotipo extendido” y “El espejismo de Dios”, en recientes ediciones.

 El que Richard Dawkins haya aceptado asistir a estos debates en Colombia habla muy bien de su valor intelectual y de su vocación de divulgador científico, pues es obvio que no las tendrá todas consigo:  la mayoría del público de los conversatorios estará en contra de su postura.  Pero también su invitación deja al descubierto la importancia que la nación colombiana otorga al aprendizaje cultural, al reconocimiento de los grandes investigadores y al pluralismo de las ideas. 

En Chile, en que a cada rato tenemos que recordarnos que somos un país laico, ni siquiera podemos soñar con que una universidad de sello religioso vaya a colaborar en el patrocinio de la venida de un crítico de las religiones del porte de Dawkins.  Si hasta nuestros intelectuales agnósticos apenas se atreven a alzar la voz cuando un Ezzati, en el Te Deum, denuncia la pretensión  –¡oh, demoníaca pretensión!–  de separar de la esfera pública la intromisión debida a creencias dogmáticas privadas como un “laicismo agresivo”.  Estar para las Fiestas Patrias en Colombia me sirvió también para escapar, por unos días, de las desafortunadas y fundamentalistas frases de nuestro Cardenal.