Ser o no ser el Canal de todos los chilenos

Rodrigo Reyes Samgermani

Pareciera no haber voluntad en la clase política respecto a la necesidad de fortalecer nuestra televisión pública, aún más, quizás algunos ni siquiera creen que la existencia de una señal estatal fuera necesaria, sea útil a esta altura de la historia del país.

Quizás la falta de consenso al respecto provenga de la mismas autoridades de TVN que en los últimos años han tomado decisiones alejadas del espíritu fundacional de la televisora  pública, cual es integrar al país y sus regiones en una plaza electrónica inclusiva que reúna la identidad de nuestro ideario republicano y destino nacional, que refleje los valores propios y la diversidad en forma entretenida y sobre todo creativa e innovadora.

Tampoco hemos sabido sopesar que desde 1990 a la fecha, el mundo ha cambiado lo suficiente como para comprender que los propios medios tengan que adaptarse a nuevas realidades tecnológicas, la evolución de la industria mediática y de las preferencias de las audiencias. Los grandes monstruos televisivos de antes ya no serían necesarios, la torta publicitaria de la televisión se ha achicado, se han distribuido más equitativamente las audiencias, las ofertas programáticas han tendido a igualarse y los canales han repetido una y otra vez fórmulas aparentemente exitosas que a la larga han terminado aburriendo a las audiencias.

 

Sin embargo, pese a esta breve descripción la televisión abierta de contendidos producidos en el país, sigue siendo la televisión más vista de los chilenos, sobre todo en sectores medios y populares o en regiones donde la cercanía por ejemplo de sus propios noticiarios -en el caso de TVN- logran una perfecta sintonía con el acontecer local como inmejorable reflejo de personas marginadas de la discusión política, convocadas a participar sólo de una democracia electoral o a mirar los problemas del TranSantiago desde el living de su casa

Como nunca, en la etapa histórica de nuestro país, Chile necesita un televisión pública con un fuerte identidad nacional y regional, que ejerza una especie de control mediático de los intereses privados en materia de economía, política o cultura; un canal independiente, laico, nacional y democrático que represente los valores de los chilenos y no los intereses particulares de los grupos propietarios de medios que imponen en el marco de una industria abierta sus propios paradigmas mediáticos, políticos, culturales y económicos, que aunque legítimos, necesitan el contraste de un relato autónomo de cualquier ideología, comprometido con las grandes mayorías y con respeto a las importantes minorías.

Es cierto, ya no estamos en los 90, pero parte de esos tiempos idos, en que la misión de canal público permeaba nuestro quehacer con tintes de heroísmo a quienes trabajamos en esa exitosa etapa de TVN, es necesario rescatar hoy. Mientras los otros propietarios de canales de televisión han recurrido a sus propios bolsillos para sortera la crisis de la Industria o apostar con las nuevas tecnologías a su viabilidad presente y futura, TVN no ha podido hacerlo, subsistiendo en estos años con sus propios recursos, compitiendo en desigualdad de condiciones y con el desafío permanente de una opinión pública demandándole una programación diferente, propia de un canal alineado con el país y su cultura.

Así imposible. Sin la voluntad de sus dueños, nosotros todos los chilenos, sin la mirada valiente del legislador, sin la convicción del Gobierno no será posible concordar la refundación de un canal público, inclusivo, laico, regional y plural que sirva una vez más, de espejo para el Chile real, no el de los industriales ni el de los dueños del retail; no el de las cadenas extranjeras ni tampoco de determinadas confesiones religiosas, sea como dice su eslogan, verdaderamente el canal de todos los chilenos.