columna de opinion

Decepcionante anuncio de primer gabinete

Gonzalo Columnas

Por Gonzalo Herrera

Hoy la élite que disfruta de amplias ventajas en la distribución de la riqueza de nuestro país tiene sólidas razones para celebrar. Ante la expectativa del mundo político y de los medios de comunicación, el presidente electo Sebastián Piñera dio a conocer su primer gabinete, compuesto absolutamente por incondicionales suyos, que, al menos en las palabras, parecen ubicarse más a la derecha que el propio mandatario. De esta manera se puso una lápida a la posibilidad de que la frase postriunfo  en el balotaje del “compromiso por la unidad de todos los chilenos”, pudiese significar tomar en consideración sensibilidades más allá del corto horizonte del empresariado más rico y codicioso del país. La conformación que finalmente se dio a conocer ratifica un enfoque conservador en lo político y en lo moral, que procurará repetir la lógica del primer mandato de Piñera, probablemente con un discurso más político.

Aunque varios ministros de los que fueron presentados ayer manifestaron, pese a su conocida manera de pensar, su intención de respetar las leyes, específicamente aquellas surgidas del programa de reformas formulado por la presidenta Bachelet, sabemos del amplio margen de gestión administrativa que hace que una ley pueda ser eficaz o que se mantenga en el letargo, esperando modificaciones por iniciativa del mismo Ejecutivo. Especialmente vulnerable es la situación de la ley que despenaliza el aborto en tres causales, cuya reglamentación recién fue enviada para su toma de razón a la Contraloría General de la República en el mes de diciembre pasado. La conocida posición del nuevo ministro de Salud, Emilio Santelices, profesor de la Universidad Católica y accionista de Clínica Las Condes — ¿qué va a ser de las buenas prácticas en materia de transparencia y probidad?—, respecto al aborto, podría abrir un flanco para intentar debilitar una conquista que resguarda los derechos humanos y que otorga protección a la vida y salud de miles de mujeres, adolescentes y niñas en el país.

Otro que se había hecho famoso por sus declaraciones anteriores a la asunción del cargo es el nuevo ministro de Educación, Gerardo Varela, que se levanta como el “niño símbolo” de este desafiante equipo ministerial. Abogado de aquellos que son contratados para defender los más complejos casos del mundo empresarial y de las finanzas, versado en fusión de empresas para efectos tributarios, es un convencido de la importancia de la inversión privada y de la licitud del lucro en la educación, ratificando una expresión de la cual Piñera había abjurado, “la educación como un bien de consumo”. El gran desafío de la Educación es entonces para el nuevo ministro “atraer inversión y competencia al sector”. Algo que va en sentido opuesto al parecer de todos los especialistas que valoran el carácter social de la Educación —educación con igualdad para todos— y el rol activo que le cabe a la comunidad, encabezada por el Estado.  

Amigo de sus amigos, Varela desestima los cargos en contra de Carlos Alberto Délano, uno de los dueños de Penta y financista de la UDI, formalizado por el exfiscal Carlos Gajardo por delitos tributarios reiterados. Su extrema postura neoliberal queda patente con lo expresado hace un par de meses en una carta a El Mercurio donde señalaba que “el derecho de propiedad siempre debe prevalecer por sobre la obligación de pagar impuestos”, es decir, según este ministro, el derecho de propiedad está por encima de cualquier ley de la Republica.

Al nuevo ministro de Economía no valdría la pena hablarle de “Estado de bienestar” porque simplemente no lo comprendería. José Valente, chicago boy químicamente puro cuya ocupación fundamental parece ser la de miembro de directorios de empresas, como Soprole, denunciada de colusión el año pasado ante la Fiscalía Nacional Económica junto a otros gigantes como Nestlé y Watt’s, es también vicepresidente de Cementos Biobío y de otras vinculadas al Grupo Penta, además de la Universidad del Desarrollo. Acérrimo defensor del sistema de pensiones, aunque hasta hace poco no cotizaba en este, después del triunfo en el balotaje fue encomendado por Piñera para hacer de interlocutor con los empresarios que tienen proyectos de inversión “trabados”. Esto porque es contrario a la regulación que se aplica a las empresas para el cumplimiento de las leyes laborales, ambientales y el respeto a la libre competencia.

Lo que se habló del Piñera candidato durante la segunda vuelta, la posibilidad de “un giro hacia el centro”, no fue más que un espejismo. La derecha empresarial y política más dura vuelve a entronizarse en La Moneda. El grado de consenso que se alcance en una oposición todavía mareada por el knockout en el balotaje, dividida gracias a la atomización a la que llegó por inconfesables intereses particulares, dependerá ahora de la contundencia con que la ciudadanía decida alzar su voz, para señalar que el país no aceptará la acción de la “retroexcavadora”, que ahora ya no como metáfora amenaza con destruir los avances duramente  logrados en los años anteriores.