columna de opinion

Rodrigo Reyes Sangermani

TVN

Por Rodrigo Reyes Sangermani

Estimados amigos,

En la edición de ayer, el periódico chileno La Segunda publicó una carta del Sr. Nicolás Casanova en la que plantea la interrogante de si se justifica la existencia de un canal público en una sociedad democrática, abierta y pluralista. Al respecto, me parece necesario señalar que si hoy Chile ha logrado ser una sociedad democrática, abierta y pluralista ha sido posible, entre otras razones, precisamente por haber tenido un televisión pública como TVN, que a partir de 1990 fue garante de pluralismo y apertura democrática, cuando hasta  la fecha los grandes medios de comunicación seguían siendo fieles y cómplices a los intereses del relato ideológico de la dictadura.

 

Costó introducir en nuestra convivencia nacional ideas democráticas cuando gran parte de las instituciones aún permanecían bajo la temerosa influencia de la dictadura y los amarres heredados impedían refrescar nuestra convivencia nacional. Pues TVN lo hizo y es necesario que siga haciéndolo; pero claro, independiente de los gobiernos de turno, como efectivamente actuó TVN desde la ley que la propia Concertación impulsó, para transformar en 1992 al canal en una empresa pública, autónoma del estado, no como antes cuando efectivamente era la caja de resonancia de los regímenes políticos de turno.

Parte del éxito de ese modelo de TVN, tras el triunfo de la democracia, fue precisamente el rol catalizador de una televisión pública que sirviera de contrapeso en una sociedad chata, conservadora y cautelosa de la democracia verdadera, instalando temas que abrieran los ojos a los chilenos en la construcción de un Chile más justo e inclusivo. Hoy la industria es otra, sin duda y por eso la importancia de introducir cambios, pero ciertamente el rol que le ocupó a TVN en la transición ha sido clave y deberá seguir siéndolo en una sociedad todavía  tan desigual como la nuestra.

Buena caza