columna de opinion

DESARROLLO DE LA CIENCIA EN CHILE:  A CONTRACORRIENTE

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Por Hernán Ríos Peña y Lillo

“Hoy más que nunca intuimos que los problemas materiales del mundo pueden ser resueltos por la ciencia, y los factores que inhiben un desarrollo racional son políticos, sociales y psicológicos, y no técnicos en el sentido material. Se acostumbraba a decir que la política es el arte de intentar solo lo que es posible; ahora, desde que casi todas las cosas son físicamente posibles, la política es cada vez más el arte de encontrar explicaciones de por qué no se hacen” (The Science of Science. Londres, pág. 10, 1966).

El atraso relativo de América Latina respecto de los países desarrollados en investigación científica es demasiado conocido para que los describa en detalle. Solo para recordar un par de argumentos. Amílcar Herrera, geólogo argentino experto en temas de política científica, escribía a comienzos de los 70 que la diferencia se atribuía a dos causas. Una, inherente a los pueblos de América Latina, quienes no tendrían predisposición para la ciencia y la técnica, tan característica en los pueblos anglosajones. Lo segundo aludía a razones mucho más circunstanciales: falta de fondos por indiferencia e ignorancia de los gobiernos, trabas burocráticas, incomprensión de la sociedad latinoamericana de la importancia de la ciencia, etc.
El primer argumento no resiste análisis. Muchísimos científicos formados en nuestras escuelas son exitosos en un medio que cuente con el equipamiento necesario y con una masa crítica de investigadores con los cuales interactuar en el proceso de creación del conocimiento. El explosivo desarrollo de algunas sociedades en oriente (Corea del Sur, Japón, Singapur, etc.) revela que hacer ciencia de buen nivel no es privativo de los países anglosajones. Este argumento es a todas luces falaz y ha sido utilizado a través de la historia para ocultar las verdaderas razones de la miseria y la opresión en vastos sectores de la humanidad. Se dice que es un gasto inútil, que los científicos investigan cosas que no sirven a la ciudadanía, etc. etc.
Estados Unidos gastó en 2013 US $ 1440 per cápita en C&T (Ciencia y Tecnología), Suiza 1650, Alemania 1350, Corea del Sur 1520, Austria y Japón 1420, Dinamarca 1450, Suecia 1470, Singapur 1830, etc. Japón y Corea del Sur eran hasta la primera mitad del siglo XX países casi feudales, hoy tienen ingresos per cápita muy parecidos, ambos cercanos a los US $ 39.000. Destaca Singapur con US$ 87.000; Alemania con 48,200; Suecia con 47,900 y Suiza con 59,400.
En el otro extremo, Colombia gasta US 31 en C&T, Chile 87, Perú 7,9, Costa Rica 62; Argentina 129. México 237, Brasil 180. Si se observan las cifras de ingreso per cápita, son: Colombia, 14,000; Chile, 24,000, Perú 13,000, Costa Rica 14,000, Argentina, 20,200 México 18,900 y Brasil 14,800.
Parece, pues, que existe una correspondencia entre el nivel de vida alcanzado y la inversión en C&T. Los países desarrollados así lo entendieron y por eso tienen esta condición.
En Chile, la ciencia se realiza a pesar del sistema, el que contribuye con burocracia y cada vez más obstáculos. Hay algunos puntos que es necesario precisar al respecto:

1. No ha existido una política de Estado frente a esta actividad. Recién en este mes se aprobó en el Congreso la creación de un pomposamente llamado Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Existe desde hace tiempo una política para Turismo, el Deporte, pero no la había respecto de la Ciencia y la Tecnología.

2. Los fondos que el país destina a C&T son escasos (0,36% del PIB) Los Países OCDE 2,4% en promedio. Israel es el que más destina con 4,4 %. La pregunta que subyace a esto es: ¿Los países destinan pocos recursos a C&T porque son pobres o son pobres porque destinan pocos recursos a C&T?
3. Chile tiene pocos científicos si se le compara con otros países, unos 300 por millón de habitantes. Países como Alemania, 4430 por millón de habitantes; Austria, 5000; Corea del Sur, 7100; Dinamarca, 7500; Estados Unidos, 4000; Finlandia, 6820; Japón, 5230, Suecia, 7000, en fin. No existe una masa crítica de investigadores. Por eso la gente no “ve” a la actividad científica, ni considera a los científicos como relevantes para el desarrollo del país, ni para de su calidad de vida, en definitiva.

4. El sector productivo es miope, la inversión en C&T en sus empresas es prácticamente nula, se circunscribe a la mantención de equipos técnicos para el control de calidad de los productos elaborados adquiridos en el exterior o producidos en el país con patentes extranjeras.

5. Las universidades no pueden ser el único sector que contrate científicos, pues su capacidad tiene un límite determinado por los recursos económicos que atraen o generan con la venta de bienes y servicios.

Razón tenía Eduardo Galeano, quien escribía en los ’70: “El desarrollo científico-tecnológico en América latina ha tenido el vuelo de la gallina: esto es, corto y bajito”.

 

Hernán Ríos Peña y Lillo
Profesor Titular
Facultad de Ciencias
Universidad de Chile