columna de opinion

¡Bendito Diezmo!

JOSÉ MIGUEL CORRAL

Por José Miguel Corral

Resulta difícil establecer en qué punto el asunto se desvirtúa. Quizá es algo que está implícito en la naturaleza humana, pero una cosa es nuestro consustancial deseo de querer estar bien nosotros y nuestros cercanos y otra muy distinta es abusar de aquellos que confían en nosotros para vivir más que bien, sino que a cuerpo de rey. Lo del obispo Eduardo Durán Castro es francamente vergonzoso: Desde el año pasado la Brigada de Lavado de Activos (Brilac) de la PDI le sigue de cerca los pasos al presbítero por una supuesta comisión de delito de lavado de dinero. ¿La causa? Se detectó que Durán es el propietario de una parcela en Isla de Maipo en la cual se cavaron un par de pozos para extraer agua,  cuyo destino sería la venta como agua purificada de la embotelladora Sociedad de Inversiones Southern Waters Limitada, de la que serían socios sus hijos, Carolina Durán Salinas y el hermano de ésta, el honorable diputado Eduardo Durán Salinas. Al día de hoy, la fiscalía sigue una discreta investigación para determinar a los implicados y los movimientos realizados por los mismos.

La punta del iceberg de todo esto es el cuantioso patrimonio y el –por así decirle- sueldo que recibe el obispo de la Catedral Evangélica. $30 millones directamente a los bolsillos de Durán Castro sólo, según él, por concepto de diezmo. Durán argumenta que, de acuerdo a los estatutos establecidos, los fondos recibidos del diezmo son de manejo libre, esto es, el obispo puede manejarlos a discreción, y ¡vaya que lo es! De acuerdo a su propio testimonio, un poco menos de la mitad que recibe lo entrega a 10 pastores y son para gastos de su iglesia; un poco más de $ 9 millones a su sobrina, hija e hijo parlamentario, restándoles sólo $13 millones para su uso personal. ¡Una muestra de frugalidad de su parte, muy a tono con el proceder de sus pares, por cierto, hombres elegidos por el Señor para estar donde están!

Lo del diezmo, con todo, no es algo menor. Los feligreses evangélicos entregan el 10% de sus rentas a su culto. En Chile hay cerca de 3 millones de evangélicos, de los cuales casi un millón son adeptos del templo ubicado en la comuna de Estación Central. La Catedral Evangélica no es cualquier iglesia: recibe más ingresos por diezmos y ofrendas que cualquier otra congregación en Chile, puesto que cada domingo asisten cerca de 7 mil personas. Es además, desde el año 1974, la sede del tradicional Tedeum Evangélico de septiembre y tiene casi 1 manzana completa de dependencias. Por eso la crisis se hace tan notoria…Y el puesto del obispo Durán tan apetecido.

En honor a la verdad, no todas las denominaciones protestantes caen en este tipo de abusos. José Santis, pastor de la Iglesia Ministerio Apostólico Manantial de Gracia, explicó a un medio de prensa local que “la Catedral Evangélica tiene su sistema de diezmo en que no se da cuenta a la congregación de cuánta plata se ha juntado y cómo se va a ocupar el dinero, como sí lo hacemos en otras congregaciones. El diezmo lo ocupamos en mejorar el templo, en ayudar al necesitado y hay una parte que se destina a la mantención del pastor, que es mínima”, sostuvo.

Hace un tiempo hablaba con una persona perteneciente a una denominación evangélica. Sostenía que el pastor es “un enviado de Dios”, por lo que cabe verlo como tal y no cuestionar sus decisiones. El comentario me paralizó y me obligó a preguntarme dónde queda esa virtud tan humana y tan bella de pensar, de reflexionar, analizar y de razonar que –para ponerlo en lenguaje religioso- Dios nos ha entregado. Casi ninguna religión o culto escapa a esta realidad. De hecho, en algunas congregaciones y movimientos católicos es duramente sancionado el criticar o poner en entredicho lo que decida un sacerdote o autoridad eclesiástica. Bueno, de alguna manera las ovejas tienen que ponerse en la fila para seguir al pastor.

No cabe aquí cuestionar la libre elección y espiritualidad por la que cada uno de nosotros se quiera orientar. La religión es un asunto de índole total y absolutamente personal. Sin embargo, precisamente por eso, es que las personas tienen la obligación de dar su opinión, de averiguar respecto a lo que está pasando con el aporte (económico, material, espiritual o del tipo que sea) que ellos mismos brindan en beneficio de sus pares y del culto en el que, suponemos, libre y soberanamente han decidido participar. Traigo esto a colación, porque, indagando sobre el tema, me queda la sensación de que en este caso –como en muchos otros- la culpa no es del chancho….