columna de opinion

AGUA QUE NO HAS DE BEBER, PUES NO LA DEJES CORRER Y VALÓRALA

C. Olate2

Por Claudio Olate

"...No es mala idea asignar derechos de propiedad y cobrar por este vital elemento..."

Del total de agua disponible en nuestro planeta el 97% está en el mar, un 2% en los polos y solo el 1% podría estar aprovechable para consumo humano y cultivo de tierra. En Chile utilizamos aproximadamente 180 litros de agua potable al día por persona según datos del INE correspondiente a 2016. Pero, ¿sabe cuántos litros de agua se necesitan para producir un kilo de naranjas?  389 litros. ¿Un kilo de pollo? 4.000 litros (sí, está leyendo bien: cuatro mil litros). ¿Un kilo de carne de vacuno? 15.500 (quince mil quinientos litros). A esto se le denomina “Huella Hídrica” y lo invito a investigar en el tema respecto de sus consumos personales. Para que no busque tanto, un litro de cerveza requiere de mil ciento veinte litros de agua.

Esto significa que, a mi criterio económico, nadie le asigna el correcto precio a los productos que compramos o, definitivamente, nadie sabe el verdadero costo del agua que utilizamos en nuestros procesos productivos. Queremos ser una potencia alimentaria y no sabemos nuestra estructura de costos. Se estima que desalinizar agua de mar en el norte del país cuesta un peso por litro.

Por otra parte, he escuchado a algunos muy sagaces en su forma de pensar que señalan que, como país,  no somos exportadores de alimentos, ni de cobre, ni litio….. SOMOS EXPORTADORES DE AGUA. ¡¡Qué importa!! Es gratis …al parecer. Sin duda el frenesí de transformarnos en un país potencia alimentaria o minera nos ha llevado a tomar decisiones tan absurdas en nuestros procesos productivos del agro como aquella que –según la literatura agrícola señala– en condiciones óptimas debemos utilizar 389 litros de agua para producir un kilo de palta y paradójicamente nos sentimos orgullosos de mantener producciones de paltos en laderas de cerros en donde el consumo de agua se incrementa exponencialmente requiriendo de 2.000 litros de agua. Este es el caso de la Comuna de Petorca ¿le suena? Claro que le debe sonar, ya que el agotamiento de este recurso hídrico se debe a decisiones tan absurdas como la que acabo de exponer.

Convengamos que el agua es limitada y que debemos asignarle un valor monetario o de costo. Por lo tanto, el hecho de asignar un valor de propiedad no sería tan malo como algunos tratan de demonizar. La propiedad del agua está muy desactualizada y en estos momentos ni la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas (DGA) ni los Conservadores de Bienes Raíces saben bien quién es el dueño de los derechos de agua de nuestro país. A mayor abundamiento, los cauces de ríos, esteros, napas subterráneas y otros también están desactualizados en cuanto a la cantidad de agua que transita. En efecto, la DGA depende de información de cauces contenida en los informes de empresas a la hora de otorgar los derechos.

¿Una posible solución? Aquí va: fíjese que a fines de 2017 las autoridades de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) advirtieron que el “Día Cero” se acercaba y, por tanto, se quedarían sin agua generando una visión apocalíptica en que por primera vez una urbe (la más grande de ese país) no tendría este vital elemento. Se implementó una serie de campañas de concientización que fueron aplicadas al punto de aplicar una restricción objetivo de 50 litros de agua al día por habitante (recuerde que en Chile se consume 3,6 veces más). Y… ¡¡¡Funcionó!!!  El “Día Cero” se ha aplazado en sucesivas oportunidades y aún no llega. Si bien surgieron ideas muy innovadoras que iban desde tirar la cadena del baño una vez al día hasta traer un iceberg desde la Antártida, la mayor efectividad estuvo desde el punto de vista de los precios. Como los precios eran tan bajos antes de la crisis, no había estímulo para eficientar su consumo a nivel de hogar. Se aumentaron las tarifas casi al doble y se restringieron los suministros una vez consumido su cuota asignada. Todo ello provocó en la población una conciencia del correcto precio del agua. Si pudiéramos aplicar conceptos tan básicos como cobrar una tarifa por agua, controlar el correcto consumo por hectárea cultivada e incluso “cortarle el agua” a los consumidores morosos probablemente tendríamos un equitativo bienestar para toda nuestra población. Por favor no me malinterprete, no he dicho nada de quién debería ser el dueño del agua, ya que de ello lo escribiré en una futura columna.