sapere aude 2019

FARSAS EN LA PANTALLA

FISICA Y BERENJENAS

Nuestro científico influencer José Maza arremete como un Quijote solitario contra la invasión de farsantes en los matinales de televisión.  Se avergüenza –con razón– de que un canal dedique dos horas a hablar de la existencia de los duendes. Pero no solo se habla de duendes en nuestra TV mañanera (y no solo mañanera, por descontado); se otorga un amplio espacio a psíquicas que con total desparpajo afirman comunicarse con los espíritus de personas fallecidas, a tarotistas que predicen nuestro destino en las estrellas, a mentalistas que anuncian futuros terremotos, a ufólogos que aseguran frecuentes visitas extraterrestres, a videntes que desentrañan misterios de casas embrujadas, a expertos en conspiraciones que ponen en riesgo a la humanidad, en fin, a rifleros de toda laya.  Buen negocio en nuestro país es apelar a la ignorancia científica y aseverar la tenencia de dones que significan violar todas las leyes de la naturaleza. Negocio que todo hombre de ciencia debiera animarse a enfrentar y condenar en nombre del conocimiento y la educación.

Con mucho agrado, entonces, descubro en nuestras librerías  –y me permito recomendar calurosamente– el libro Física y berenjenas de Andrés Gomberoff, físico de la Universidad de Chile.

Es un libro de divulgación científica,  un género realmente valioso pero no siempre bien evaluado por los mismos científicos.  Algunos estirados hombres de ciencia –de esos que creen que el saber solo se despliega en laboratorios y universidades–  consideran estos esfuerzos de mostrar a la gente de manera fácil los descubrimientos de la ciencia un subproducto de segunda categoría.  Efectivamente no se enseña ciencia en las obras de divulgación como en las aulas académicas; sin embargo, no caben dudas que brillantes divulgadores (como un Carl Sagan, un Stephen Hawking  o un Richard Dawkins, por ejemplo) han atraído a centenares de jóvenes a los estudios científicos haciéndolos destacar después en carreras de biología, física, química o astronomía.

El mismo Gomberoff aporta también otra defensa a la labor de divulgación:  “La divulgación no solo es importante para atraer a las nuevas generaciones de científicos. También es un modo de retribuir a la sociedad lo que ella misma ha pagado con sus impuestos.  Una forma de hacerlo es responder algunas de las preguntas sobre el universo que naturalmente surgen en el público. Porque, aunque muchos lo olviden, esto no se trata solo de avances tecnológicos. La tecnología es un subproducto del corazón de la actividad: la sed de conocimiento, la curiosidad”.

Volviendo al tema central de esta columna, señalo que en este libro de Gomberoff  –que está compuesto de 40 textos breves sobre diversos temas científicos, escritos con estilo ameno y al alcance del entendimiento de todo lector–  el autor no deja de criticar la cobertura que tienen, en nuestros medios de comunicación, los sujetos que él denomina chantas.  Confiesa deprimirse frente al “esoterismo televisivo”.  El que la difusión de las opiniones de los chantas de la pseudociencia y lo paranormal tenga tanto alcance entre nuestro público se debe, a su juicio, justamente a la poca exposición de nuestros niños y jóvenes a la ciencia.  Si hubiese más “alfabetismo científico” en nuestro país no proliferarían los miedos irracionales, los mitos incultos, los prejucios religiosos que permiten levantar peligrosos movimientos anti ciencia como, por ejemplo, el de antivacunación.

Los científicos tienen, pues, responsabilidad frente a la ignorancia que garantiza la tribuna indiscriminada para la charlatanería pseudocientífica.  Hace falta más voces para educar a nuestra sociedad, no solo algunas escasas y valerosas que se atreven sin reparos a denunciar la nula evidencia de lo manifestado en canales de TV.   Si más investigadores y profesores ocuparan tribunas para contraponerse al negocio de la credulidad absurda, ello contribuiría seguramente a prestigiar más la ciencia en nuestro medio, el que no se distingue precisamente por percibirla y estimarla en todo su valor.

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