sapere aude 2019

BUNGE

bunge

Ha muerto Mario Bunge, filósofo argentino radicado en Montreal, Canadá, desde hace cincuenta años, donde ejerció actividades académicas durante muchos años en la Universidad McGill.  Había cumplido sus 100 años en septiembre del año pasado.

Era ya viejo cuando me topé con él en un Congreso Extraordinario de Filosofía en Córdoba, Argentina, en 1987.  Pero un viejo muy lúcido y muy activo. Dio la conferencia inaugural del evento, en un auditorio lleno a reventar.

En esa ocasión yo expuse una ponencia sobre McLuhan y el impacto tecnológico en la sociedad.  La mayoría de mis oyentes eran profesores y de una izquierda furiosa. Al terminar, me interrogaron sobre Pinochet y la dictadura militar en Chile.  Más de uno me espetó: ¿Qué tenía que ver McLuhan con lo que pasaba en mi país? Lo primero que les respondí –y con lo que callé a unos cuantos– fue que gracias a las tecnologías de información se podía saber en todo el mundo lo que ocurría en Chile; que nosotros, los mismos chilenos, sabíamos más de lo que estaba pasando en nuestra patria oyendo radios extranjeras que atendiendo a los medios nacionales, totalmente censurados por los militares.

LIBRO DE BUNGEHoy  –después de treinta años de democracia, lamentablemente–  ocurre lo mismo: frecuentando las redes sociales y escuchando y leyendo radios y periódicos digitales podemos conocer más de lo que está ocurriendo en Chile que leyendo los autocensurados diarios impresos y viendo los canales de TV que alargan incomprensiblemente las pocas noticias que muestran y que nos hacen aparecer como un país de Jauja.  Es decir, es la irrupción y presión de los nuevos medios tecnológicos que no conocen fronteras ni mordazas, de los que nos enseñaba McLuhan.

Volvamos a Bunge.  En ese evento en que coincidimos lo entrevisté.  Otro de mis maestros en ese momento era Arthur Koestler (que había transitado de la política a la ciencia) y de él hablamos extensamente con el pensador argentino.  Fue una conversación muy interesante la que tuvimos pero, por desgracia y debido a diversas circunstancias, nunca la publiqué al volver a Chile.

He leído de Bunge sus obras sobre epistemología, filosofía de la ciencia y filosofía de la tecnología; sin embargo, siempre me gustó más por su decidida y calurosa defensa de la razón y la ciencia contra la superstición y las pseudociencias.

Una de sus últimas obras en llegar a nuestras librerías es Cápsulas (editorial Gedisa), una selección de ensayos periodísticos escritos por Bunge para la agencia EFE referidos a autores, ideas y problemas que le han interesado.  Quiero rescatar de esas páginas su crítica al charlatanismo académico, su cuestionamiento de la impostura intelectual, su combate ante la embestida de los bárbaros irracionales y su Carta de los derechos y deberes del profesor

      “1. Todo profesor tiene el derecho de buscar la verdad y el deber de enseñarla.

  1. Todo profesor tiene tanto el derecho como el deber de cuestionar cuanto le interese, siempre que lo haga de manera racional.
  2. Todo profesor tiene el derecho de cometer errores y el deber de corregirlos si los advierte.
  3. Todo profesor tiene el deber de denunciar la charlatanería, sea popular o académica.
  4. Todo profesor tiene el deber de expresarse de la manera más clara posible.
  5. Todo profesor tiene el derecho de discutir cualesquiera opiniones heterodoxas que le interesen, siempre que esas opiniones sean discutibles racionalmente.
  6. Ningún profesor tiene el derecho de exponer como verdaderas opiniones que no puede justificar, ya por la razón, ya por la experiencia.
  7. Nadie tiene el derecho de ejercer a sabiendas una industria académica.
  8. Todo cuerpo académico tiene el deber de adoptar y poner en práctica los estándares más rigurosos que se conocen.
  9. Todo cuerpo académico tiene el deber de ser intolerante tanto a la anticultura como a la cultura falsificada”.

¡Ah, viejo Bunge, te has ganado un lugar eterno en el panteón universal de los librepensadores!

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