columna de opinionEL PERIODISMO EN LOS TIEMPOS DEL COVID 19

PATRICIO HERNÁNDEZ

                                                                  Por Patricio Hernández Nawrath

El confinamiento generado a partir de la pandemia del COVID 19 altera radicalmente la forma en que realizábamos nuestras actividades cotidianamente. No hay circunstancia que no se haya visto tocada por el contagioso virus y una de ellas es el periodismo, el acceso a la información y calidad de la información. 

 

Estar semanas recluidos en casa aumenta el consumo y no necesariamente la calidad de lo que estamos consumiendo. En materias estrictamente comunicacionales, no estamos tan claros respecto de la calidad de la información que estamos consumiendo por los medios tradicionales, como tampoco por las redes sociales. 

Gobiernos de todo el mundo han tratado también de dejar en cuarentena a la libertad de expresión. El caso de Li Wenliang, el médico que intentó alertar al mundo sobre el Coronavirus será recordado con indignación por la respuesta de las autoridades, quienes lo instaban a que “dejara de hacer comentarios falsos”. Este “héroe”, en diciembre de 2019, detectó siete casos de un virus que se parecía al SARS y decidió enviar el 30 de diciembre un mensaje vía chat a sus colegas para advertir de este “sospechoso brote”. Cuatro días más tarde, recibió la visita de funcionarios de la Oficina de Seguridad Pública, quienes lo acusaban de “hacer comentarios falsos” que “habían perturbado severamente el orden social”.

Wenliang fue “invitado” a firmar con sus huellas dactilares una carta con la siguiente declaración: "Le advertimos solemnemente: si sigue siendo terco e impertinente, y continúa con esta actividad ilegal, será llevado ante la Justicia ¿se entiende?".  Debajo, Li escribió: "Sí, entiendo".

Posteriormente, la pandemia se expandió rápidamente, generando miles de muertes en todo el orbe y la acción descoordinada de todos los líderes mundiales se puede contemplar a diario. 

Gobiernos contra gobiernos en una guerra comunicacional –donde una parte del periodismo pareciera ser servil a dichos fines– que publica información sin chequear ni contrachequear, confiando 100% en las vocerías gubernamentales. El periodismo que opta por pensar diferente corre el serio riesgo de ser catalogado como “poco serio” o “fake news”. 

Un ejemplo de lo anterior es la declaración publicada el pasado 17 de abril de 2020, donde el gobierno municipal de capital de Hubei añadió a 1.290 personas fallecidas al registro de las víctimas del COVID 19, un 50% más de lo declarado anteriormente. 

Pareciera que la autoridad ve en la libertad de expresión una herramienta amenazante que exige respuestas sanitarias eficientes y rápidas. 

Según el periodista español del diario El Mundo de España, Jorge Benitez (twitter: @jorgebmontanes), “la libertad de expresión, lejos de haber entorpecido una respuesta sanitaria, la habría acelerado. Por eso, en estos tiempos de incertidumbre, la transparencia exige una defensa no sólo ética, sino también pragmática: si las autoridades de Pekín hubieran permitido hablar a sus médicos e informado honestamente a su ciudadanía, se habría hecho un mejor diagnóstico de la situación, corregido errores y, sobre todo, no se habría difuminado la exigencia de responsabilidades. La censura, lejos de limitar daños, aceleró todo el desastre. Es una de las culpables, si no la principal, del colapso del mundo.”

Otro destacado periodista, Martin Baron, director del Washington Post (en 2002 cuando era director del Boston Globe, se enfrentó a la Iglesia Católica destapando los casos de abuso sexual silenciados por la Archidiócesis de Massachusetts), reflexiona respecto a la relación entre Pandemia y Poder: «Hay gobiernos que se están aprovechando para aumentar su poder…Intentan minusvalorar la crisis ante sus ciudadanos, evitar asumir responsabilidades o acabar con la disidencia acusando a la prensa de propagar bulos. Como resultado, afrontamos un gran peligro».

La declaración anterior es crítica en nuestro país si se considera que la máxima autoridad sanitaria, el ministro Jaime Mañalich declaró en entrevista televisada con Canal 13 que: “el trabajo de la prensa es ese, vender cosas en base a inventar mentiras, qué quieres que te diga. Esta revista (sic) inventa una respuesta que el embajador Xu Bu no dio”. Oficialmente, esta declaración fue desestimada desde La Moneda luego que la vocera de Gobierno, Karla Rubilar, manifestara que la "única postura que tiene el gobierno de Sebastián Piñera, en materia de los medios de comunicación, es de reconocimiento, valoración y gratitud".

Las grandes crisis, desde tiempos pretéritos, siempre han sido utilizadas como justificación para impedir la libertad de expresión. Se puede citar al imperio romano, el nazismo de la Segunda Guerra Mundial, y el desastre de Chernóbil, entre otros. 

John Witherow, director de The Times, manifiesta que no es el rol del periodismo “vender falsa alegría o realzar la moral de la nación”.  Esto queda de manifiesto cuando los ciudadanos comienzan a perder la confianza en la autoridad política, especialmente de los países democráticos y si establecen nexos de credibilidad en la comunidad científica. 

La autoridad pareciera estar muy confundida respecto a la crítica, pues suele confundirla con deslealtad. En Inglaterra, según el diario The Independent, se prohibió al personal hospitalario, bajo amenaza de despido o expediente disciplinario, que se quejaran de falta de medios para combatir la pandemia. 

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó el viernes 24 de abril que: "Los medios libres son siempre esenciales, pero nunca habíamos dependido de ellos tanto como durante esta pandemia, cuando tanta gente está aislada y teme por su salud". Citando un informe del Instituto Internacional de Prensa, con sede en Viena, Austria, se han contabilizado a nivel mundial más de 130 ataques a medios de comunicación, 50 casos de censura, restricciones al acceso al información y al menos 40 periodistas detenidos o acusados judicialmente por publicar artículos críticos por la gestión gubernamental de la pandemia o por cuestionar la veracidad de las cifras oficiales de afectados por el COVID-19.

Por su parte, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), en su informe anual publicado el 21 de abril, declara que: “La pandemia muestra factores negativos para el respeto del derecho a una información fiable; esta es, en sí misma, un factor multiplicador. ¿Qué será de la libertad, del pluralismo y de la credibilidad de la información de aquí al año 2030? La respuesta a esta pregunta es lo que hoy está en juego”.

El director general de Reporteros sin Fronteras, Christophe Deloire (twitter: @chrisdeloire) concluye que “los gobiernos autoritarios ven en la crisis sanitaria la oportunidad de aplicar la famosa doctrina del shock: aprovechar la interrupción de la vida política, la consternación de la población y el debilitamiento de los movimientos sociales, para imponer medidas que sería imposible adoptar en condiciones normales”.

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