sapere aude 2019

FREUD

Se ha reconocido en todos los tonos que trabajar desde la casa (ejercer el teletrabajo) implica esforzarse prácticamente el doble que cuando se labora presencialmente.

 Pero, en las graves circunstancias que padecemos, basta una pizca de sentido común para reconocer también que tenemos que seguir desempeñándonos así para beneficio saludable nuestro y el de toda la población, a pesar y en contra de los ideológicamente apresurados llamados de nuestro presidente empresario y de los “campeones” del Minsal al ‘retorno seguro hacia la nueva normalidad’.

Una forma de distraerse en estos momentos de reclusión hogareña, de “acuartelamiento familiar” (al decir de Olga Tokarczuk) que requiere tanta laboriosidad, es recurrir a las series exhibidas en Netflix. Termino recientemente de disfrutar de una que tiene como protagonista a un reconocido explorador de la mente humana: Sigmund Freud, aunque la licencia artística de sus creadores colocan a este héroe en situaciones absolutamente ficticias, completamente inverosímiles, biográficamente falsas. Sin pretender encontrar exactitudes históricas o científicas, hay que dejarse llevar solamente por lo entretenido de la trama.

Además, este 6 de mayo se cumplen 164 años del nacimiento de este médico austríaco, creador del psicoanálisis. Por estos dos motivos –la serie con su nombre y el nuevo aniversario– he sentido el impulso de escribir esta columna recordando algunas de sus provocativas ideas.

freudFreud cambió radicalmente la manera en que tenemos que mirarnos a nosotros mismos, más allá de la defensa o rechazo de la concepción psicoanalítica. Así lo ha señalado uno de sus estudiosos: “La influencia de Freud no deja de ser enorme y penetrante. A él debemos una nueva y poderosa manera de pensar e investigar los procesos humanos de pensamiento, acción e interacción. Freud dio sentido a campos de la experiencia por lo general ignorados o incomprendidos, y aunque uno quiera rechazar o discutir alguna de las teorías o interpretaciones particulares de Freud, sus escritos e ideas son demasiado importantes como para descartarlas sin más. Freud tiene aún mucho que enseñarnos” (Jerome Neu: Guía de Freud).

La represión (el mecanismo de defensa por el cual ciertas ideas potencialmente inquietantes son apartadas de la conciencia) aparece como tema central en torno al cual se organizan las demás ideas clave de la concepción freudiana. El mismo Freud escribió: “La doctrina de la represión es la piedra angular sobre la que descansa toda la estructura del psicoanálisis”. En nuestra mente tenemos la conciencia, un estrato psíquico claro, y el inconsciente, un nivel psicológico que se encuentra oculto. Tenemos un cúmulo de ideas que se afanan por llegar a la conciencia; un mecanismo censor que etiqueta algunas como demasiado perturbadoras para ser admitidas conscientemente y, por tanto, las relega a una existencia de purgatorio en el reino del inconsciente; y un proceso de conversión, por el cual el afecto que rodea a la idea perturbadora puede ser convertido en algún tipo de síntoma –inofensivo, como un lapsus verbal, o más violento, como un ataque de histeria. Sólo si la idea perturbadora puede ser modificada de algún modo, posee la capacidad para llegar al conocimiento preconsciente y, por fin, entrar en el nivel consciente.

Freud investigó el origen sexual de las neurosis y describió su mecanismo en términos de represión psíquica y procesos inconscientes. Concluyó que el camino hacia la comprensión de la mente se encontraba en el análisis de los sueños. Aseguró que todo sueño era el cumplimiento encubierto de un deseo reprimido y que, para tener acceso a este, era necesario mirar a través de su contenido manifiesto (o superficial) y desentrañar su contenido latente (o subyacente).

Otro de sus hallazgos fueron los complejos en el ser humano y, principalmente, el Complejo de Edipo. Freud confirmó que los temas sexuales están en la base del inconsciente de todos los individuos y que los mecanismos de defensa eran elaborados, principalmente, para hacer frente a estos temas perturbadores y difíciles de afrontar.

Freud desarrolló también una teoría de la sexualidad infantil, concluyendo que las primeras experiencias infantiles, especialmente en los primeros cinco años de vida, eran decisivas para el desarrollo de la personalidad adulta. Se interesó, asimismo, por la memoria y el olvido, los chistes, los lapsus linguae y otros errores significativos, explicando su relación con el inconsciente.

Se aventuró mucho más allá de los límites de los estudios de casos prácticos y los tratados clínicos. Abarcó con mirada psicoanalítica campos políticos y sociales de mayor amplitud. Escribió obras importantes y polémicas sobre la psicología de los grupos, la guerra, la agresión y el malestar en la cultura. Dedicó al fenómeno de la religión el ensayo El porvenir de una ilusión, donde explica el origen de las representaciones religiosas a partir de la demanda vital de los seres humanos de consuelo y seguridad: la religión es una ilusión que sirve para apaciguar el terror humano ante las fuerzas de la naturaleza, para conciliar al hombre con la crueldad del destino y para compensarle de los dolores y las privaciones que le impone la vida civilizada en común.

Afirmó, asimismo, que en el ser humano existen dos instintos básicos: el instinto de vida (Eros) y el instinto de muerte (Tanatos), que pugnan entre sí y que buscan manifestarse a toda costa, a pesar de las barreras represivas de la cultura. Con estas ideas Freud se dirigió a un auditorio que, en la coyuntura de la traumática Primera Guerra Mundial, anhelaba una explicación de la destrucción humana.

Freud permaneció activo hasta casi el final de su vida, atendiendo a pacientes y escribiendo obras aun después de su forzosa emigración a Londres por la persecución nazi, a la edad de 82 años. No solo dejó un impresionante legado de obras que leer, estudiar y discutir o seguir, sino también una escuela psicológica organizada, el movimiento psicoanalítico, que continúa construyendo en todo el mundo sobre este legado tras su muerte, ocurrida en 1939.freud2

El imperativo socrático “Conócete a ti mismo” ha cruzado siglos y culturas. Todavía no hemos podido obedecer por completo al oráculo de Delfos. Pero paso a paso nos vamos acercando a desentrañar el mayor enigma para el saber humano: el ser humano mismo. Y Freud –entre otros grandes pensadores– ha sido y sigue siendo un fuerte estímulo para esta búsqueda, enseñándonos a ser saludablemente escépticos acerca de lo que creemos conocer e incesantemente curiosos con respecto a qué más podemos llegar a saber sobre nuestra naturaleza humana.

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