columna de opinionDE LA MODERNIDAD LÍQUIDA A LA HIPERMODERNIDAD SÓLIDA

felipe quiroz

Por Mg. Felipe Quiroz Arriagada.

A comienzos de este siglo XXI, el sociólogo Zygmunt Bauman posicionaba el término Modernidad Líquida para referirse a las características distintivas de las sociedades contemporáneas. Para Bauman, nuestra particular forma de modernidad se identifica con la necesidad de establecer vínculos, tanto individuales como colectivos, de carácter flexible, leve, dinámico, inestable, líquido.

 

Entre los factores que condicionan la naturaleza líquida de nuestras interacciones humanas destacan el dinamismo de la economía neoliberal, junto con el vertiginoso avance de la tecnología, y la omnipresencia de esta en los medios de comunicación, de alcance global. El mundo contemporáneo es tan líquido como diverso, globalizado como multicultural, tan flexible como complejo, como bien se explica en extenso en la obra de Edgar Morín. Esto ha generado sociedades extraordinariamente liberales en la cultura, como aparentemente democráticas en lo político, en la generalidad de los casos de los países desarrollados.

A su vez, para Gilles Lipovetsky, tales factores han fomentado un perfil de personalidad, un tipo de sujeto, profundamente individualista, hedonista y narcisista; transformándose los vínculos humanos en desechables, así como también lo son los productos que ofrece interminablemente la sociedad de mercado. Si esta acumulación de desechos se traduce en desastre ecológico, la otra acumulación de vínculos desechables se traduce en formas de vida en extremo nihilistas e individualistas, o sea, ya en el plazo inmediato, en desastre social.

Sin embargo, es en el desarrollo de la obra del mismo Lipovetsky donde estas características nihilistas de la modernidad líquida comienzan a considerarse de una forma distinta, dando nacimiento a una nueva categoría. Si el mercado, la eficiencia técnica y el individuo representan los fundamentos axiológicos del proyecto moderno, lo que vemos hoy es la exacerbación de aquellos principios, y en modo alguno su superación. Las sociedades actuales son hiperconsumistas, hipertecnológicas e hiperindividualistas. Entonces, son, más bien, hipermodernas. Todo esto significa que, en el trasfondo de esta supuesta falta de sentido, en realidad existen fundamentos axiológicos centrales sólidamente establecidos, y a los cuales obedecemos, casi de manera autómata e inconsciente. En efecto, es en función de aquel automatismo e inconsciencia por lo cual nos asumimos alguna vez como postmodernos, cuando en realidad éramos y somos profundamente hipermodernos.

De esta manera, aquello que denominamos modernidad líquida es la manifestación explícita de los principios sólidos de una hipermodernidad implícita.

Este aspecto inconsciente de los fundamentos hipermodernos resulta en extremo significativo a la hora de explicar y comprender los fenómenos que hoy agitan a las sociedades contemporáneas en el contexto de la pandemia del Covid 19. Si existen fundamentos sólidos, en efecto dogmáticos, en el trasfondo de nuestras sociedades aparentemente liberales y democráticas, ¿cómo se expresa ese dogmatismo en la actual situación de crisis? De acuerdo con el filósofo Byung – Chul Han, debido a la pandemia la época se dirige hacia un “régimen de vigilancia biopolítica”. Si bien, esta idea no es nueva, ya que está presente de forma abundante en la obra de Michel Foucault, su factibilidad ha pasado de ser silente a evidente. En efecto, la población civil, a lo largo y ancho del globo, hoy se encuentra inevitablemente imposibilitada de habitar el espacio público – el cual, por esto, deja de serlo- y, debido a ello, inevitablemente obligada a comunicarse mediante la interacción virtual. La vida social, de esta forma, se vuelve explícitamente virtual. El concepto de panóptico de Foucault adquiere, en el actual escenario, una dimensión universal y absoluta; al estar cada ciudadano obligado a convivir exclusivamente desde la red, se transforma cada perfil de usuario del sistema en sujeto vigilado, tanto como vigilante de todo el resto. Como señala Byung – Chul Han, esto significa el fin del liberalismo, así como de la cultura democrática, transformada de esta manera en quimera. El paso de la vigilancia implícita a la explicita pareciera ser lo que experimentamos de forma tan evidente hoy en el contexto de la crisis actual, la cual no se reduce solo a la pandemia sino también y, fundamentalmente, a sus efectos políticos, sociales y económicos, junto con el colapso ecológico ya en curso desde antes del Covid 19.

Ante todo esto, ¿qué puede hacer el ciudadano, ya aislado en extremo, profundamente alienado de su naturaleza colectiva, para liberarse de esta vigilancia?, ¿no fue, acaso, libertad de expresión y comunicación lo que ofreció el actual sistema de vigilancia en el que hoy está inevitablemente inmerso? Y, al volverse adicto de esta forma de libertad, ¿cómo hace ahora para liberarse de ella? Mucho indica que decisión es lo último que tuvo y tiene al respecto.

Se acaba la manifestación líquida de fundamentos sólidos ocultos, ya que estos dejan de estarlo. Se expresa hoy el advenimiento histórico de una hipermodernidad pura, dura y definitiva.

Mg. Felipe Quiroz Arriagada.

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