columna de opinion
CON ALERTA, PERO SIN PÁNICO
Cómo informar en tiempos del Coronavirus

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Por Patricio Hernández Nawrath

Los medios de comunicación juegan un rol clave para superar la crisis sanitaria generada a partir de la pandemia del COVID-19. Sin embargo, pareciera que gran parte de la prensa está ocupada solo de la parte “alarmista” y no está cumpliendo el rol social que le corresponde.

 

El periodismo siempre tiene la responsabilidad de mantener a la ciudadanía informada, cosa que generalmente hace, pero de paso está generando una histeria colectiva a partir de noticias alarmistas, con consecuencias insospechadas en la salud mental de las personas. En el corto plazo, las enfermedades mentales comenzarán a ser mucho más frecuentes que antes de marzo de 2020.

El cuadro anterior se ve agudizado si agregamos las constantes fake news, publicaciones desinformativas y otras simplemente falsas que rondan en las redes sociales y en los programas de mensajería como WhatsApp.

Entonces, el rol de los medios de comunicación se vuelve fundamental en el control epidemiológico. Según expresó el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus: “La evolución del brote del coronavirus dependerá de la medida en que se haga llegar la información correcta a la gente que lo necesita”.

En ese sentido vale la pena preguntarse cómo están informando los medios en Chile actualmente. Al parecer, la situación que está ocurriendo en el país, no es muy diferente a la que está sucediendo en varios lugares del orbe.

A juicio de Nacho Cardero (twitter:@nachocardero), director de El Confidencial, el papel de los medios en esta crisis primeramente estuvo enfocado en la crisis sanitaria, en dar claves al lector para abordarla, y en orientarles sobre qué estaba pasando, todo ello de forma rigurosa y precisa”. Sin embargo, con el correr de la pandemia, el foco informativo varió: “Nos hemos vuelto algo indolentes y nos hemos trasladado a la crisis económica, centrándonos en los miles de parados. Ahora nos estamos empezando a enfocar en la crisis política”, sentencia el periodista hispano.

El escenario anterior, francamente poco ayuda al control de la epidemia, puesto que esta crisis afecta a las personas y se supera a través de estas. Si la población no es informada adecuadamente, los efectos negativos del COVID-19 serán simplemente devastadores.

En ese sentido, la Red Ética Periodística Fundación Gabo recientemente explicó a través de sus redes sociales las virtudes que debiera ejercer el periodismo responsable en tiempos del coronavirus:

  • Protegerse a sí mismo y a los miembros de la redacción.
  • Entrevistar a expertos de verdad, y a más de uno si es posible.
  • No ser indiferente ante la desinformación.
  • Evitar titulares alarmistas y clickbait (ciberanzuelo).
  • Pensar en los efectos que puede tener una noticia.
  • Tener cuidado con las imágenes que se usan.
  • Tener en cuenta que las cifras cambian constantemente.
  • Contratar periodistas especializados en ciencia y salud.
  • Promover el teletrabajo en la redacción.

Entonces: ¿Cómo deben informar los medios? ¿Con miedo? ¿Con pánico? ¿Sin preocupaciones?

Si la información que se está entregando es alarmista, se corre el riesgo de que la gente opte por no validar a los medios de información, a pesar del fuerte incremento en el consumo de información y en el renacimiento que está teniendo la televisión abierta en estos días, pues –según informó la encuesta CADEM de fines de marzo– la pantalla chica se volvió a posicionar como el medio más consumido, logrando un 48% de preferencia.

En un seminario web (webinar) dictado por el Global Health Reporting Forum, de ICFJ (International Center For Journalists por sus siglas en inglés), el doctor Samba Sow, quién es uno de los seis embajadores especiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el COVID-19 precisó sobre el rol de los comunicadores que “se trata de educación, información y sensibilización”.

Si el periodismo se dedica solo a alarmar estaremos frente a una “segunda enfermedad” que, según la OMS es la desinformedia cuyos síntomas son: “la abundancia de información, algunas veces precisas y otras no, situación que repercute en que las personas encuentren fuentes fidedignas y orientación confiable cuando la necesiten”.

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