columna de opinion
EL AMOR TRIUNFA(RÁ)
Quiroz

 POR EDUARDO QUIROZ

Cada 28 de junio se celebra el llamado día internacional del orgullo LGBT y las tierras latinoamericanas no quedan atrás. El origen lo constituye una serie de reyertas entre lesbianas, gays, bisexuals y trans ante las agresiones de la policía federal en una redada un 24 de junio que se realizó en el bar Stonewall de New York en 1969. La chispa que encendió todo fue la actitud de uno de los policías, que detuvo a Sylvia Rivera por no llevar la suficiente ropa de hombre, acorde a la ley que prohibía usar tres prendas o más del sexo opuesto, y le preguntara si era hombre o mujer, a lo cual ella respondió con insultos. Las siguientes noches fueron todas, con excepción de un par en las que hubo lluvia, de enfrentamientos cada vez más masivos entre los LGBT y la policía, que las enfrentaba solo por su condición sexual amparados en la ley, hasta el 28 de junio en que se cerró el bar y se dio comienzo a la resistencia de la comunidad...y así año a año hasta la actualidad.


En efecto, en los ‘60 la legislación norteamericana prohibía la homosexualidad bajo una serie de normas agrupadas en las denominadas leyes de la sodomía, heredadas desde el siglo XVIII del colonialismo norteamericano, con castigos que llegaban hasta la pena de muerte. StonewallSi bien en 1962 Illinois ya había abolido esa ley, no fue sino hasta una década después en que un segundo estado le siguió los pasos, bajo la sugerencia del Código Penal Modelo, una serie de reformas desarrolladas en el American Law Institute que pretendía actualizar los añejos escritos legales, entre ellos el de la “sodomía”. A lo anterior se le sumaba el desprecio y discriminación de las religiones de turno que calificaban de la peor manera (hasta el día de hoy) a quienes no cumplían el “estándar” sexual mayoritario que se escribe en sus libros, en los cuáles además es duramente criticado y citado como razón válida para el ajusticiamiento y no son pocos los que aún lo toman literal. Por esta razón los miembros de la comunidad LGBT de ese entonces debían ocultarse tanto ellos como sus comportamientos y debían reprimir sus sentimientos y ocultar a sus parejas y sus propias vidas. De hecho, una de las precursoras de esta rebelión fue la recién mencionada Sylvia, una mujer trans cuya identidad no era validada por la abuela que la crió y terminó a los 11 años viviendo en la calle junto a otras Drag Queens. Ella misma lideró luego una fundación que ayudaba a otras iguales en situación de calle y su historia dio origen a varios libros biográficos o históricos.

Hoy, 51 años después, la discriminación si bien ha disminuido sigue estando presente, aunque al menos con posibilidades para la réplica, como lo vivió en carne propia hace no más de un par de semanas Rowling, la autora de Harry Potter, quién emitió un juicio poco amistoso a las personas trans pero que no demoró en tener réplica de todos los actores de las películas que recrean sus libros en la pantalla grande y de otros escritores y gente ligada al arte apoyando a la gente trans y explicando la necesidad de la no discriminación hacia otros seres tan humanos como cualquier heterosexual. Me motivó escribir este artículo el ver que el hashtag “maricón” era tendencia en una de las redes sociales y estados de whatsapp de algunos contactos de mi celular publicaban fotos de una pareja con hijos con la leyenda “orgullo hetero”, que, aun con el objetivo contrario, acentúan más la paradoja de que la “protesta” o conmemoración de los que pertenecen a los grupos LBGTIQ+ y que hoy, en casi cuarto de siglo XXI cumplido, está tanto o aún más presente.

Hoy que hablamos tanto de la libertad, cuando tenemos estadísticamente hablando casi el doble de porcentaje de alfabetización respecto a 1950 (Unesco, 2016), cuando la tecnología hizo realidad literal el tener conocimiento e información al alcance de la mano y cuando las palabras respeto, calidad de vida, humanidad y tolerancia están en el vocabulario de la gran mayoría y comprendemos su significado y alcance, es inexplicable que se cumpla esa contradicción y que seres humanos como el que escribe y  quienes leen o como aquellas dos mujeres que por primera vez se tomaron la mano en público necesiten aún de un día al año para demostrarle al mundo que no tienen vergüenza de sentir cariño por otro, independiente de su género y que casi nos tengan que gritar a la cara diciendo: el amor triunfa(rá).

corazonLGBT

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