columna de opinionNUNCA ES TARDE PARA QUE BROTE LA ÉTICA

HEBERPor Heber Leal Jara

Susang Sontag, la destacada escritora estadounidense del siglo XX, sostuvo en Ante el dolor de los demás que “quizá se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión”, declaración interesante para abordar un inicial contraste entre la memoria y el pensar. Pero cuando hablamos de fenómeno ético, el contraste se hace poroso por cuanto en dicho campo debemos valorar la reflexión en su dimensión temporal y circunstancial.

En este sentido, el llamado que hace Rodrigo Pulgar en su libro Ética en la era de la tecnociencia (RIL, 2017) resulta crucial para pensar el ser humano bajo una mirada ética y para dotar al lector de herramientas conceptuales de interpretación. El fenómeno moral, de hecho, está en todas partes y destaca sobre todo en momentos coyunturales que generan controversia. En este sentido Pulgar aborda los efectos de la tecnociencia sobre la realidad humana y también, como es propio en su estilo, hunde su mirada en las raíces de sus afirmaciones.

 La ética es una expresión que constantemente golpea todas las ventanas de la existencia humana, a veces resulta ser una palabra muy mediática en su uso, pero no siempre es precisa en cuanto a su aplicación. ¡Y de ahí el desánimo a ratos de sus posibles interesados! Es importante precisar que la ética alude a una reflexión intensa sobre los fenómenos morales o que tienen relación con ellos; requiere una lucidez intelectual y por cierto la liberación de prejuicios y estereotipos reduccionistas: es una reflexión que implica deliberación y no solo conocimiento conceptual. También puede ser penoso transformar a la ética en un ejercicio de exégesis de obras filosóficas, como tiende a suceder en algunas prácticas académicas. Peor aún es asimilarla a formación cívica como se la tiende a simplificar en algunas propuestas curriculares. Ante todo, sapere aude, ser libres de las atávicas redes culturales acríticas.

En los tiempos que corren, la reflexión en estas materias se hace necesaria y, por tanto, su formación en las futuras generaciones es apremiante. Su carencia es letanía de pensamiento y miopía cultural, hay que superar el handicap ético, conocer los fundamentos y las aplicaciones de este saber esencial dentro de todo campo de acción.

Pulgar aborda las relaciones de poder, el bien, la justicia y los derroteros de una sociedad. La tecnociencia y sus avances, en este sentido, no resultan ser un problema menor. Temas como los derechos humanos, el transhumanismo y la neuroética se evidencian subrepticiamente en los medios de comunicación académicos y extraacadémicos. Si bien la investigación científica refiere al desarrollo epistemológico del saber a través de métodos empíricos para el avance del progreso humano, no debe prescindir de la ética para su completo engarce con la vida cotidiana.

La revisión ética es la manera que tiene el conocimiento científico de saldar la deuda con las consecuencias de sus experimentos, evento indispensable para aterrizar la prosecución de fines científicos en una realidad que resulta eminentemente teñida por la globalización y sus avatares sociopolíticos.libro Pulgar

La humanidad avanza al alero de la ciencia y la tecnología, pero cuando los usa como principios de la vida cotidiana se corre el peligro de caer en lo que José Ortega y Gasset denominó la deshumanización. Rodrigo Pulgar Castro en La ética en la era de la tecnociencia reflexiona sobre esta trayectoria y lo hace colocando especial hincapié en la ética como base para reflexionar sobre el desarrollo de la humanidad en sus dimensiones habituales.

Hay que tener cuidado con la dependencia absoluta de la humanidad de la ciencia y la tecnología, y sin enarbolar una paranoia futurista coincido en que el consentimiento ciego puede generar el olvido de la pregunta esencial de la ética respecto del bien y del mal. El académico de la Universidad de Concepción diagnostica la modificación de la realidad a partir de la tecnociencia y lo hace desde el horizonte intelectivo que ofrece la ética, afirmando que constituye la dimensión reflexiva que otorga mayor dignidad a la humanidad. Más que desplegar soluciones, la tecnociencia abre un abanico de problemas y de incertidumbres que debe estar siempre en proceso de análisis. Se aborda la apropiación del hacer y, con ello, se analiza el tema de la libertad humana y sus designios. Hay un análisis minucioso en lo tocante a ver en la razón el origen del desarrollo histórico de este problema que culmina con las inciertas consecuencias de la tecnociencia en el porvenir, y en este sentido su reflexión concilia muy bien las reflexiones de Hans Jonas, Paul Ricoeur, Emmanuel Lévinas y Adela Cortina.

Con bastante tino hermenéutico, el profesor Pulgar propone a la ética como disciplina de contexto respecto de las relaciones acaecidas entre ciencia, técnica y cotidianeidad. También apunta a la confusión teleológica que supone superponer los resultados de la tecnociencia a otros fines de la vida humana, cuestión que corresponde a la ética y su discusión sobre los bienes últimos de todo proceder humano. Si bien la ciencia ha ganado terreno en la vereda cultural, la ética debe alzarse como continente de toda acción. Lo que se puede reflejar en grupos interdisciplinarios donde se integren a la población científica agentes de la filosofía y de las humanidades en general.



Heber Leal es profesor de Filosofía, Magíster en Filosofía Moral y Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Concepción. Coordinador del Núcleo de Formación General y director del Diplomado en Fundamentos Filosóficos de la Ética Aplicada, Universidad Mayor.

 

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