columna de opinion

GISÈLE HALIMI, DEFENSORA DE LA CAUSA DE LAS MUJERES

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Por Sylvie R. Moulin

El 28 de julio falleció la gran abogada franco-tunecina Gisèle Halimi, el día después de su 93° cumpleaños. Entre el COVID-19, la campaña presidencial en Estados Unidos y la crisis social en Chile, la noticia pasó casi desapercebida, pero sentí un puntazo en el corazón. Porque Gisèle Halimi, junto con Simone de Beauvoir y Simone Veil, es una de las más sobresalientes figuras del feminismo en Francia y uno de los modelos que guiaron mi juventud.

 

Su libro La causa de las mujeres (La cause des femmes, publicado en 1973), que devoré en un par de días, revela la escritora y la abogada luchando juntas por el tema del aborto. Empieza con una autobiografía, donde relata su juventud pobre en Túnez y la “maldición” que significaba en aquel contexto el hecho de haber nacido mujer. Relata sus victorias apasionadas, desde sus primeras huelgas de hambre, a los diez años para obtener el derecho de leer y a los trece para no tener que hacer la cama de su hermano, hasta su partida a París para estudiar derecho, con beca, en la universidad de Panthéon-Sorbonne.

Luego cuenta su militancia incansable por la independencia de su país y de Argelia, y por la independencia de las mujeres. Su libro Djamila Boupacha, escrito con Simone de Beauvoir en 1962, presenta el caso de una militante del FLN (Frente de Liberación Nacional Argelino) acusada de tentativa de atentado, arrestada, violada y torturada por soldados franceses, que Gisèle defenderá denunciando los métodos inhumanos del ejército en Argelia.

Gisèle Halimi

Sigue una serie de episodios relacionados con la libertad de las mujeres de disponer de su cuerpo: la ley Neuwirth de 1967, que autoriza el libre uso de los anticonceptivos; el impresionante Manifiesto de las 343 de 1971[1], donde se juntan los nombres de trescientos cuarenta y tres mujeres que reconocen haber abortado y reclaman el libre acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, entre las cuales están Gisèle Halimi y Simone de Beauvoir; ese mismo año las dos militantes crearán el movimiento Elegir la causa de las mujeres (Choisir la cause des femmes); y el proceso de Bobigny, en 1972, durante el cual la abogada defiende con éxito la inocencia de una joven de dieciséis años, Marie-Claire Chevalier, que abortó después de una violación.

El proceso de Bobigny, elemento central del libro, tuvo en realidad un impacto inmenso, ya que se concretó en la ley Veil (del nombre de la ministra de Salud Simone Veil, bajo la presidencia de Valéry Giscard d’Estaing) sobre la interrupción voluntaria del embarazo, que será votada en diciembre 1974, promulgada en enero 1975 por cinco años como experimento y, finalmente, renovada sin límite en 1979. En la comuna de Bobigny, la pasarela donde se cometió la violación de la joven lleva ahora su nombre, “Pasarela Marie-Claire”, para recordar no solamente el hecho sino las repercusiones que tuvo en el trayecto de la liberación de las mujeres.

La Causa de las mujeres fue y sigue siendo un texto potente, con hechos concretos, cifras, testimonios y presentación de casos recientes, alegando a favor del derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, pero también un libro que debemos reubicar dentro de una perspectiva mucho más amplia de la lucha de clase y la dimensión política de la revolución cultural. Gisèle Halimi orientó sus conclusiones en esa dirección, ya que los desafíos que llevaba el proceso de Bobigny eran mucho más extensos y decisivos de lo que hubiéramos podido imaginar, y ese tipo de acción anunció al mismo tiempo una nueva forma de combate, para Marie-Claire Chevalier y para todas las mujeres que tuvieron que luchar para reivindicar su libertad.

Toda su vida Gisèle Halimi llevará luchas incansables, contra el uso del velo islámico y la guerra en Serbia, o apoyando la criminalización de la violación y la despenalización de la homosexualidad, además de ocupar los cargos de diputada socialista y embajadora de Francia en la UNESCO. Sé que en este momento somos muchísimas mujeres las que nos sentimos apenadas, por supuesto, pero sobre todo desbordantes de admiración por esa abogada que había entendido desde el principio que la única manera de hacer progresar el combate feminista era por la evolución de la legislación. Gisèle Halimi quedará famosa por citar a la frase del cura dominicano Henri Lacordaire cuando decía: “Entre el débil y el fuerte, es la libertad que oprime y el derecho que libera”. Una sana meditación para nuestros tiempos turbulentos…

 

 

[1] Que será seguido en 1973 por el Manifiesto de los 33.1, firmado por médicos que reivindicaban haber realizado abortos a pesar de la interdicción de la ley

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