columna de opinion
SEMANTICA DEL PODER (EL RELATO AUSENTE)

Oscar Alvarez
Por Oscar Álvarez

Byung-Chul Han (filosofo, profesor y ensayista surcoreano) en  su libro “Sobre el Poder” (Editorial Herder, edicion 2018) disecciona y somete a análisis el Poder y sus múltiples significados y alcances, y los malos entendidos que rodean el uso comun de esta expresión, y  para ello se vale de una sólida formación académica en Alemania (en filosofía y teología) y además, cita a autores tan diversos como Heiddeger, Hegel, Weber; Nietzsche, Foucault, entre otros.

 

Quizás su tesis mas innovadora, es aquella en virtud de la cual el Poder y cualquiera de las dimensiones que este abarque (Político, Social, Económico, Sexual, etc) y el ejercicio fáctico que emana del agente ejercitador, es siempre sútil, imperceptible, apenas notorio, la efectividad e imperciptibilidad del cual se vale el sujeto activo del Poder, tiene como limite que el mismo  no recurra a la fuerza física ni a la vías de hecho para lograr su realización en el sujeto pasivo. Es mas la el ejercicio de la violencia del titular del poder, demuestra la inexistencia de poder, porque este opera a un nivel mas fino y exquisito, sobre la conciencia del receptor, y ali despliega sus dominios en modo subterráneo y efectivo.  Este autor señala que el desplazamiento del poder desde el sujeto (a) al sujeto (b) ser algo tenúe, suave, diríamos casi invisible. Lo mas llamativo es la separación que hace el filósofo, entre poder y fuerza, mientras el primero es imperceptible la segunda es notoria, grosera, casi evidentemente pornográfica,  por cuanto, cuando el mecanismo de ejercicio del poder no funciona, cuando el engranaje de relojería que permite su existencia y confluencia normativa ha desaparecido, la fuerza aparece en toda su  exhibicionista magnificencia y el poder brilla por su ausencia, se evapora y el discurso del amo, modifica su tono y forma, ya que la esfera de irradiación del poder ha desparecido del todo.   

¿Es atingente esta tesis para la clase política civil en su conjunto, en este momento y a partir del 18/10 y mas importante, en especial aplicar estos insumos de análisis al principal actor normativo del poder en Chile? 

No solo es atingente, sino que justo, necesaria y sumamente pertinente, pues la clase política civil, mas aún, el principal actor político de turno, a causa del ultra presidencialismo criollo (el Presidente), carece de poder político y solo le queda echar mano y/o hablar, desde  el ejercicio de la violencia estatal de la cual es titular indiscutido. En palabras de Schmitt, el Presidente basa el ejercicio de su gobernanza, a partir del 18/10 y en cada episodio que rememore aquel hito temporal y espacial,  ejerciendo la excepcionalidad de la norma jurídica, o sea, debe apartarse del estado de derecho, en estricto sentido,  con el objeto de preservar el Estado,  debe ejercer la violencia punitiva estatal, ya que por mano propia carece de Poder, o sea no ejerce persuasión en los gobernados.  

En efecto, la semántica discursiva de Piñera, post 18/10, consiste en una auténtica voluntad de no  querer descifrar la multiplicidad de símbolos que expuso un movimiento social heterogéneo, en varias jornadas de protesta ciudadana auto convocadas en forma espontánea, sin mediación alguna de los partidos políticos de oposición. La respuesta ejecutiva entonces, fue alabar la alta convocatoria de las marchas, mayoritariamente pacíficas y festivas, con episodios perifericos de violencia callejera, que no fueron equivalantes a los miles y miles de pacificos asistentes. Estas variadas marchas, lo único que tuvieron en común, fueron su desprecio a Piñera y a las Elites politicas, sociales y económicas. Piñera, fue el tarjet de desprecio y desagrado social por partida docle, como actor político que observa con desdén el movimiento social  y como  referente obligado de una elite (la financiera y económica) titular de privilegios que se adquirieron merced a un capitalismo, impuesto a sangre y fuego en la dictadura. La paradoja fue que Piñera alabó las masiva asistencia a las marchas, o sea celebró a quiénes inequívocamente lo desprecian y al mismo tiempo,  atacó al enemigo impacable, poderoso y que no respeta a nadie ni a nada, a propósito de los desmanes en la infraestructura pública y privada.  Por cierto, aquel enemigo, que es todo y nadie al mismo tiempo, fue mutando en el tiempo, incluso ese apelativo fue empleado para definir la Pandemia de Covid19.    

Piñera entonces lo que hizo –mas bien no hizo-, o sería mas atinado a decir, renuncia a hacer,  fue interpretar, deducir,  leer los signios y el meta lenguaje de tantas y tantos marchantes, aguzar la vista, el oído y el juicio crítico para así desentrañar las claves políticas de las polifónicas voces de la protesta social,  ser un exégeta y un lector atento al contenido de dichas proclamas, y luego, contextualizarlas, para que esas demandas se acoplen a su estilo de  gobernanza, o sea influir, desde el lenguaje discursivo propio, en el florido lenguaje social, para subordinar el frenesí de este a la templanza a la racionalidad de aquel. Nada de eso sucedió, el Presidente estuvo ausente, desde el 18/10 y hasta el 10/11 de 2019, mas aún y hasta ahora,  la cuenta suma y sigue. 

A partir de esas dos fechas, toda posibilidad de elaborar una semántica ejecutiva del poder se diluyó, lo que si germinó, y a incontenibles caudales fuye  entonces un lenguaje discursivo y para verbal de violencia estatal. La excepcionalidad Schmidttiana se convirtió en regla general.  

Piñera hablando de guerra, a contrapelo del Jefe Militar en Santiago, quien lo contradijo frente a todo Chile,  Piñera descendiendo de un Buque de la Armada, Piñera posando, en mangas de camisa, y con una indisimulada risa en la Plaza Baquedano en plena cuarentena, Piñera acogiendo a los camioneros que bloquearon las Carreteras, y manifestando una evidente empatía con la forma y fondo de dicha protesta, Piñera enviando un proyecto de Ley, similar al pliego de peticiones de los dueños de camiones, que entrega labores policiales al ejército,  Piñera apoyando a Carabineros a causa de la investigaciones seguidas en su contra por la Contraloría, y como guinda de la torta, Piñera desdeñando 4 informes internacionales sobre violaciones a los DDHH de uniformados contra la población civil, en fin, Piñera haciendo oidos sordos a toda modernización de Carabineros, puesta en tela de juicio por los múltiples atropellos a los Derechos Humanos, que sistemáticamente han sido negados por el Director General.  

Asi las cosas, lo único importante para Piñera, es el Orden Público, y no importa el cimiento social del tan anhelado ¨orden¨, ni menos aún que este se funde en el temor a la violencia punitiva estatal. Los costes humanos, los vejados, los mutilados, que se cuentan por cientos, a propósito del estallido social post 18/10, parecen no importar en lo mas mínimo, son una suerte de daño colateral a propósito de la legitima protesta ciudadana. La incapadidad ejecutiva de auto elaborar un lenguaje desde la cúspide del poder ejecutivo que este a la altura de las altas convocatorias, no solo retrata una ineptitud política mayor, sino una voluntad por desplazar el lenguaje político desde el poder hacia la mera y banal fuerza punitiva estatal, que acalla con balines, golpes, chorros de agus, y detenciones masivas la protesta ciudadana.  

Todos los gestos, acciones y omisiones de Piñera a partir del 18/10 no son sino una semántica de la fuerza punitiva y un reflejo perfecto que no existe asimetría entre la figura presidencial y la personalidad bufonesca del Presidente (Carlos Peña). Piñera se mimetizo con la presidencia, por ello es que no es posible un discurso del poder, ni un relato sobre el devenir político social post 18/10, a lo mas que podemos aspirar todos, es a ver, cada tanto, gestos, acciones y omisiones pedestres, que dan cuenta  que el poder político carece de un titular solemne, que irradie una cierta distancia entre el y los mandantes,  y consecuente con ello, cada dia la figura presidencial retrata al ocupante titular de ese traje, quien no duda un momento el vejar las minimas formas que el cargo demanda.- 

Llama la atención que las habituales chanzas del presidente no sean escrutadas por los columnistas de la plaza, como síntoma de una descomposición mayor del poder político, que irradia desde la cuspide hasta la base, mediocrizando todo en su vertical transcurrir. El desprecio de Piñera  a toda minima forma republicana,  es público y notorio, y se manifiesta, sin solucion de continuidad en discursos vacios, que dicen todo y nada el mismo tiempo,  lugares comunes y malos chistes. Lo vulgar en una gobernanza, exige un análisis mas acabado de los analistas de siempre, no solo en constatarlo para luego construir caricaturas, fáciles de escribir y agradables de leer. La caricatura creada por el propio caricaturista, en una suerte de biografia de la vulgaridad superlativa de la gobernanza y dice bastante de la ausencia del poder político y de un inexistente relato, pero también habla mucho de una cómoda opinión en la perfomance y no en la esencia del fin o motivo de dicha penosa puesta en escena.- 

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